lunes, noviembre 20, 2017
Vertiente Crítica

Después de la farsa socialista, la redención sanchista.

En los últimos años, la crisis de la socialdemocracia europea se ha hecho más que palmaria. Sólo tenemos que acercarnos a los datos para ver la enorme caída en el voto que llevan experimentado los partidos que llevan esta adscripción ideológica. Dos de los casos más dañinos los encontramos en Grecia y Países Bajos, donde los dos partidos socialdemócratas –PASOK y PvdA- ocupan una posición prácticamente insignificante en sus respectivos Parlamentos. Los socialistas franceses, por su parte, han sufrido unos pésimos resultados del 6,4% en las últimas elecciones presidenciales. Muy lejos de la mayoría que consiguió Hollande hace cinco años.

Por lo que respecta al PSOE, los últimos tiempos no han sido especialmente halagüeños: han pasado de tener el apoyo de un 43,9% a tan solo un 22,6% en las últimas elecciones de 2016. Las preguntas, por tanto, que acechan al partido socialista son las siguientes: ¿vamos a seguir la nefasta deriva que ha llevado a otros partidos socialistas a prácticamente su disolución? ¿Remontaremos el vuelo volviendo a ser un partido de mayorías? ¿Cómo articular el nuevo liderazgo para tal propósito?

Con ello, el PSOE ha llegado a unas primarias con tres candidatos, una campaña extremadamente polarizada y una intensidad excesiva en los discursos. Los actores de esta función eran tres, dos claros aspirantes y un tercero cuya función parece haber sido la de un árbitro parcial. El resultado todos los sabemos:

  • Pedro Sánchez ha arrasado con un 50,21% del voto y ganando en todas las Comunidades Autónomas, salvo en Andalucía y País Vasco. Él ha sido el candidato que se ha identificado con el sector más escorado a la izquierda del partido. Espacio por el que lleva sangrando el partido desde hace varios años. Ex-secretario desterrado y arrinconado por una ejecutiva que lo expulsó de su cargo con un espectáculo digno de una Tragedia de Sófocles, ahora ha resucitado con más fuerza que antes. Tiene el poder, y en cierta manera la directriz, de cambiar el partido. Ha sido el outsider perfecto que ha puesto en jaque a los dinosaurios socialistas que un día lo auparon a la espera de preparar la dirigente andaluza. Eso sí, ha cambiado tantas veces de discurso y ha polarizado tanto a su partido, que parece difícil disolver las enormes contradicciones en las que llevan viviendo los socialistas españoles. ¿Moción de censura a Rajoy junto con Podemos? ¿Oposición fuerte que provoque unas elecciones anticipadas con un aparato por reconstruir? ¿Acercar posturas con los morados o buscar la confrontación directa?
  • Susana Díaz, la apuesta del férreo aparato del partido y fiel discípula de Felipe González. “La sultana” la suelen apodar por las tierras andaluzas. Si bien es cierto que es presentada como una ganadora por haber vencido al PP en Andalucía en 2015, su simpatía en el resto del Estado está más cuestionada, incluso, entre los simpatizantes socialistas. Así lo certificaban las encuestas y así se ha visto en el resultado. Hoy por hoy, su futuro político como la lideresa que siempre quiso ser está muy negro. A pesar de tener a todos los pesos pesados de su lado, ha perdido con una distancia abrumadora. Y es que el PSOE ha perdido muchos votos desde el 2011 y su principal sangría ha venido por la izquierda. De ahí el alto crecimiento de Podemos. Sin embargo, Díaz ha mostrado una especial aversión por los morados, negando siempre la posibilidad de poder llegar a pactar con ellos. Ella se siente más cómoda en el centro del tablero ideológico. ¿Así pretendía aupar a su partido a ganar unas futuras elecciones? En el resultado de las propias primarias se ha visto el estrabismo de su estrategia.
  • Patxi López ha protagonizado el caso más paradigmático de todos. Él era el más preparado, el que tenía más tablas, un hombre de partido que fue lendakari en tiempos de terrorismo en el País Vasco. A priori, y en tiempos de estabilidad bipartidista, reunía todos los requisitos para ser el candidato perfecto. Ahora bien, el acento hay que ponerlo en que no teniendo prácticamente posibilidades de ganar se ha presentado para pacificar el enfrentamiento. Las malas lenguas –o buenas, depende de la lectura- afirman que se postuló como secretario para dividir el voto de Sánchez y hacer la cama a la sultana. Ello explicaría su postura algo más arisca y al ataque para con el madrileño. En cualquier caso, ha dado una buena imagen pero la candidata andaluza ha perdido.

Así las cosas, la misión encomendada está clara: pacificar el partido y unirlo de la mejor manera posible para evitar posibles escisiones en el futuro. Las tensiones generadas están todavía muy latentes. Por mucho que rueden cabezas del antiguo bloque duro del partido, la militancia se tiene que sentir cómoda con el nuevo escenario que se abre. Del mismo modo, se trata de intentar disolver las contradicciones que llevan acechando al PSOE desde hace años. No tanto los puntos de contradicción de la socialdemocracia a nivel general, sino las suyas propias respecto a qué partido quiere ser en un escenario nuevo en la política española. Tal vez aquí está el quid de la cuestión que vale la pena entender, esto es, si antes hablábamos de un bipartidismo en el que PP y PSOE ocupaban los dos lados del tablero, ahora tenemos un arco parlamentario fragmentado en el que cuatro partidos, al menos, tienen una voz importante. El escenario político ya no es el mismo. El Partido socialista, por ende, tampoco tiene que ser el mismo si quiere tener un papel importante en el futuro de la política española.

  • Imagen original de Pedro Sánchez y Susana Díaz albergada en eldiario.es

Autor/a

Fundador y editor de El Rincón de Pensar. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia tras estudiar un año en la universidad París 1 Panthéon-Sorbonne. Actualmente finaliza el grado de Ciencias Políticas con una estancia en la Universidad de Montréal. Es profesor del Grado en Filosofía Online de la UCV “San Vicente Mártir”.

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