lunes, noviembre 20, 2017
Vertiente Crítica

Ilaria Alpi, la periodista/pirata que teme el Capitán Phillips

¿Qué país africano puede armarse para protegerse de la bomba nuclear? Ningún país es capaz de hacerlo. Desde los más equipados a los menos equipados. Cada vez que un país africano compra un arma, es contra un africano. No contra un europeo. No contra un país asiático. En consecuencia, en el impulso de la resolución sobre la cuestión de la deuda debemos también encontrar una solución al problema del armamento.

Yo soy militar y llevo un arma. Pero, señor presidente, querría que nos desarmemos. Porque yo llevo el único arma que poseo. Otros han ocultado las armas que tienen.

Sobre la deuda externa de África. Thomas Sankara. Adís Adeba. (1987)

#CapitánPhillips, protagonizado por Tom Hanks, es un taquillazo del cine norteamericano que deja un sólo comentario: los somalíes son todos piratas, atacan a los pacíficos barcos occidentales para pedir dinero por el rescate, nosotros, los blancos buenos, vamos y les defendemos de los otros, los negros malos.

#ToxicSomalia[1] de Paul Moreira es un documental que observa el problema de forma más holística; la pesca abusiva, el tráfico de armas, los desechos de la potente industria italiana y las milicias, islámicas o no, hacen de este problema una encrucijada para la humanidad muy difícil de resolver.

Italia, la bella Italia, la del imperio romano, la de Leonardo y la escudería Ferrari, la de su gran industria en el norte y su pauperizada población en el sur, la de Julio César y la de Berlusconi, la de Mussolini y los partisanos, esa Italia cuyos tentáculos que se extendieron por África no nos son muy conocidos y que tampoco los encontraremos fácilmente en un tiempo en donde creemos tener el derecho a que todo nos tiene que ser dado, la gratuidad de todo porque supuestamente como seres humanos nos lo merecemos. Cuando decimos ésto, lo decimos con la convicción de que sólo unos pocos pueden hablar de Derechos Humanos, o simplemente de derechos, sólo unos pocos pueden quejarse de que el tren llegue 15 minutos tarde mientras a otros les toca caminar o esperar horas para recoger la porción de agua o comida diaria. Italia, la de Pasolini, Bertolucci y Venecia, Italia, la de los desechos tóxicos en Somalia y Haití, la de la mafia, la de Paolo Borsellino y Giovanni Falcone, la de la justicia y el latín, la del Coliseo y la pizza, la del risotto y la de los niños con malformaciones de algún pueblo somalí de pescadores venidos a piratas, en ese lugar olvidado del mundo donde parece haber explotado otra vez y por equivocación el Vesubio.

En 2008, la Unión Europea inició la Operación Atalanta, España, como Cibeles en el Paseo del Prado domeñando la operación, con Atalanta del carro y el Alakrana como precedente. 439 años de cárcel para unos piratas somalíes y quién sabe cuántos días de vacaciones para los capitanes de barcos occidentales u orientales que han encontrado en Somalia, igual que Atalanta en la mitología, unas manzanas provenientes del Jardín de las Hespérides, lugares donde quién sabe cuántos desechos son arrojados por la enorgullecida industria europea,y con el valor agregado del que los presidentes de los países industriales alardean en cada discurso. ¿No entiendo esto? Gusanos, gusanos que se aprovechan del Estado fallido como si fuera fruta podrida. Ilaria Alpi y el cámara, los periodistas que se dejaron en Mogadiscio la sangre, tanta como para que el Capitán Phillips, esa vergüenza como muchas otras del cine imperialista norteamericano, hubiera hecho alguna alusión al problema de fondo. ¿Cómo va a garantizar Somalia su zona económica exclusiva de 200 millas que la CNUDM de Montego Bay le reconoció y que son, precisamente, las millas que los Estados pobres ribereños más necesitan? ¿Cómo lo hará si su propio gobierno está atrincherado en un búnker?

Ya que hablamos de bajos fondos, hablemos de bajos fondos en serio, pero no los bas-fonds parisinos que se mercantilizaron para volverlos un tema para novelistas bohemios, tampoco los Bajos Fondos de Jean Renoir o los de Gorki, que son el antecedente zarista del realismo proletario. Hablemos de los bajosfondos de la política internacional. Por ejemplo, la de unos presidentes que actúan como gangsters cuando se trata de Libia, van donde Gadafi, piden dinero, le ofrecen inversiones, Berlusconi o Sarkozy por igual, luego firman la invasión del país, el asesinato televisado del líder y su destrucción mediante naves aéreas no tripuladas (UAV´s);  ¿el dinero? ¿qué dinero? Pues el dinero del pueblo libio, los 200.000 millones de dólares que se fue guardando después de tantos años de la venta del petróleo y del que sólo otro maldecido presidente latinoamericano, Hugo Chávez[2], se preocupó para que le fuera devuelto al pueblo libio y contribuyera a su reconstrucción después de la guerra. Gadafi, el coronel ejecutado ante las cámaras como un acto de justicia guillotinista del siglo XXI, cuando era Presidente de las Naciones Unidas dijo:

si bien la piratería puede ser un fenómeno en alta mar, una forma de terrorismo, ¿hablamos de la piratería en Somalia? Los somalíes no son piratas. Nosotros somos los piratas. Nosotros fuimos allí y usurpamos sus zonas económicas, sus recursos pesqueros y sus riquezas. Libia, la India, el Japón y los Estados Unidos, cualquier país en el mundo, todos nosotros somos piratas. Todos ingresamos a las aguas territoriales y a las zonas económicas de Somalia para robar. Los somalíes están protegiendo sus recursos pesqueros, sus medios de vida. Se han convertido en piratas para defender el alimento de sus hijos. Estamos tratando de resolver este problema de la manera equivocada. ¿Debemos acaso enviar buques de guerra a Somalia? Lo que debemos hacer es enviar buques de guerra a los piratas que han atacado y se han apoderado de las zonas económicas y las riquezas que pertenecen a los somalíes y de las que depende el sustento de sus hijos. Me reuní con los piratas y les dije que yo negociaría un acuerdo entre ellos y la comunidad internacional que respete las 200 millas de la zona económica exclusiva, estipuladas en el derecho del mar, una disposición que protege todos los recursos marinos que pertenecen al pueblo de Somalia y que evita que cualquier país se deshaga de desechos tóxicos en las costas de Somalia. A cambio, los somalíes no atacarían más buques[3]

¿Por dónde empezar con Somalia? Esa es la pregunta. Puedes elegir empezar por Capitán Phillips, la versión más acabada del prejuicio y el gusto estético WASP (white-anglo-saxon-protestant). El público occidental no pagaría para ver a través de Hollywood a blancos piratas, como no sea en Piratas del Caribe, en donde pelean con monstruos marinos y barcos fantasmas. Pero cuando a ese público se le reprende con la realidad, como lo hace Toxic Somalia, entonces algo les incomoda, cuando aparece Ilaria Alpi con el poco verdadero periodismo que queda en el mundo y que muere día a día. Como el periodismo que murió junto a Rodolfo Walsh, o con Flor Alba Núñez[4], una periodista de las tantas que mueren en América Latina y que ha tenido la desgracia de morir sin saber que su asesinato sería grabado por unas cámaras. Y ni aún así, ni aún informando sobre la delincuencia y el crimen organizado desde un municipio que se encuentra entre los lugares con mayor cultivo de coca en el mundo, Pitalito (Huila), ni aún así pues, su asesinato ha servido para pensar en proteger la libertad de expresión en serio y no de forma pop ¿Qué más pop que el cartel de Leopoldo López colgando del Gobierno de la Comunidad de Madrid? Eso, mientras otros sí sufren y pagan en sangre constante el compromiso con la verdad. Nada les honra más en la vida a estos militantes de la verdad que la forma de dejarla. Vida a cambio de verdad.

¿Por dónde empezar en Somalia? Hay que empezar por la raíz del problema, por Naciones Unidas, porque Somalia es el ejemplo flagrante de que Naciones Unidas es incapaz de solucionar los problemas que más acucian a África; terrorismo, extractivismo, tráfico de armas, pobreza, hambruna, sequía, y una larga lista de males que a los pobladores de Nueva York y a los que fundaron Naciones Unidas, precisamente, sin la presencia de ningún país africano, les puede importar muy poco. Cambiar Naciones Unidas no es una cuestión baladí, es una necesidad mundial que la piden muchos, entre ellos Miguel D´Escoto Brockmann. Es cierto, podrían  preguntarse: ¿quién es Miguel D´Escoto Brockmann? ¿Un problemático[5] sacerdote suspenso a divinis por el papa Juan Pablo II porque dijo: Israel merece la expulsión de la ONU? Sí ese. Ese que hablaba de Teología de la Liberación mientras los obispos de América Latina bendecían eventos y celebraban misas con dictadores sin que se les perturbase el hábito.

¿Por dónde empezar en Somalia, entonces? Por Ilaria Alpi. Los que estamos lejos del cuerno de África, a lo sumo, podemos aspirar a la verdad de la mano de quienes se han dejado la vida por ella, no de la mano del entretenimiento fácil, barato, wasp y falaz que representa Capitán Phillips.

[1] https://www.youtube.com/watch?v=2adeyeoKF1w

[2]http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-165216-2011-03-30.html

[3]http://www.correodelorinoco.gob.ve/politica/recuerda-discurso-completo-muamar-gadafi-asamblea-onu/

[4]http://www.semana.com/nacion/articulo/flor-alba-nunez-murio-al-mostrar-conexion-entre-sicariato-microtrafico/450548-3

[5] http://www.cubadebate.cu/noticias/2013/08/15/miguel-descoto-israel-merece-la-expulsion-de-la-onu/

Autor/a

Fundador y editor de El Rincón de Pensar. Managua, Nicaragua. Licenciado en derecho, realizó un máster oficial en Abogacía y Pensamiento Filosófico Contemporáneo por la Universidad de Valencia. Actualmente es candidato a Doctor en Derecho Constitucional. Trabaja como consultor jurídico en Nicaragua y España. Ámbitos de interés: Nuevo constitucionalismo latinoamericano, derecho económico, relaciones internacionales y geopolítica latinoamericana, teoría del Estado y el derecho, jurisprudencia comparada, filosofía del derecho, teología y filosofía de la liberación.

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