lunes, noviembre 20, 2017
Vertiente Crítica

La arcaica democracia representativa y el valor de la participación

Muchas personas dicen que la democracia participativa es un sueño pero al mismo tiempo hablan de empoderamiento. Se habla de pueblo pero sin el pueblo, como si aún estuviéramos en tiempos de la Revolución Francesa. Desde la derecha más recalcitrante se dice sin tapujos que con Franco se vivía mejor —si es que esto no va en aumento— y desde la izquierda más arcaica se habla de liderazgos fuertes. Y el pueblo[1], como siempre, está en la posición de no poder decidir nada pero, al mismo tiempo, ser objeto de las críticas de los profesionales de la política, tanto de izquierdas como de derechas. Como cuando el maltratador somete a la víctima y le echa las culpas de sus propios abusos.

Quizás el mayor problema de nuestras sociedades es que vivimos con preceptos viejos en un mundo en que lo único que se ha modernizado a nivel organizativo es el Capital. Mientras hablamos de los problemas de la globalización, los mercados ya llevan mucho tiempo organizados a nivel internacional, y deciden como un supragobierno mundial donde empoderamiento y dinero van juntos de la mano. Y, a través de tratados, someten las voluntades y soberanías de los Estados. Mientras tanto, mientras gastamos nuestros esfuerzos en parar tratados y colocar a figuras muy bien avenidas de la izquierda, a nadie se le ocurre presentar un tratado basado en los derechos laborales a nivel internacional, parece que nadie considera que la mayoría de los trabajadores tenemos los mismos deseos a lo largo y ancho del mundo —Sería algo de esperar, por ejemplo, de la Organización Internacional del Trabajo—. O llevar la democracia a toda Europa, la democracia de verdad, la participativa, y de este modo dar los primeros pasos para despejar a la plutocracia del gobierno. Lo peor es que mientras se globaliza una especie de neo-feudalismo, se separa a los pueblos que gustosos trazan sus propias fronteras, creyendo que desde su parcela serán capaces de conseguir lo que seguramente conseguirían si estuvieran unidos —pan para hoy y hambre para mañana—. Es curioso que parezca que la única solución para Europa No sea una refundación democrática, sino su disolución, como si eso fuera a suponer un golpe para los poderes económicos europeos, un gol de la izquierda al Capital. Pero me temo que no sería más que un gol en propia meta con el beneplácito de lo más xenófobo y fascista de Europa[2].

La verdad es que la plutocracia europea es la primera que prefiere una disolución antes que una refundación democrática que empodere a los ciudadanos a los que pudiera ocurrírseles tramitar tratados que socavaran su gobierno global —esto es a lo que realmente temen, no al impago de la deuda—. Pues el negocio del capital internacional se basa principalmente en la asimetría entre Estados, Oriente-Occidente, 1er mundo contra 3er mundo, ricos contra pobres, ahí es donde encuentran su verdadero lucro; montando y desmontando empresas, moviendo capitales sin problema, gozando de los beneficios de los paraísos fiscales, y enarbolando aquello de la “competitividad” a costa de los derechos humanos y sociales. No seré yo quien defienda la Europa actual, pero me parece ingenuo creer que los pueblos por separado podemos conseguir más que juntos defendiendo nuestros derechos, pues sólo juntos podemos hacer una Europa de todos, con los mismos derechos y oportunidades. Ahora mismo sólo parece que estemos unidos por la deuda, y ésa, desde luego, no es la manera. Pero lograr una Europa simétrica en los social y lo económico no vendrá por un gobierno de representantes insertos en el sistema de las élites, formando parte del statu quo. Las simetrías vendrán cuando haya democracia de verdad, democracia participativa. Y quién sabe, quizás con una Europa democrática se puedan redactar tratados internacionales para conseguir mejores derechos laborales a nivel internacional y así acabar con la lacra de la “competitividad”, tal como la entiende el Capital[3]. Digo yo que a nadie le gusta ser un esclavo ni que le desmonten la fábrica donde trabaja para llevarla a un país donde haya una esclavitud aún mayor.

Democracia representativa final-900Pero lo primero es lo primero, y poco se puede pedir a Europa si no se demanda lo propio en cada país. Estamos aquí a verlas venir, hablando de discursos y negando las prácticas participativas que empoderarían al pueblo, que sabiéndose con el poder real lo ejercería; al menos en lo que se refiere a reformas laborales, seguridad ciudadana, guerras y otras lindezas —¿Quién no votaría un No a la Guerra?—.

Normalmente se dice que el pueblo no participa, pero esto se dice después de haber frustrado su presencia en partidos que se decían participativos —olvidándose del 15M—, después de haber traicionado su voto y sus esfuerzos. Otras veces se dice que es que antes hay que formar al pueblo para que vote correctamente porque si no podrían votar cualquier cosa —Digo yo que de eso trata la democracia, de votar libremente “cualquier cosa”—. Y, si se quiere que el pueblo vote informado, es papel del político lograrlo, ahí reside el valor de la democracia participativa, que exige un debate fructífero de contenidos, en vez del espectáculo lamentable y personalista de La Inda Noche. Mientras, los verdaderamente empoderados, los que deciden todo y en todo momento desde consejos de administración, no necesitan ni siquiera ir a votar. Y a estos les viene muy bien que sea la propia izquierda la que demonice la participación, porque el día que haya participación se acabarán las reformas laborales, la seguridad ciudadana y los rescates diseñados de manera unilateral[4]. Además, es mucho más fácil controlar a cuatro líderes que a un pueblo que puede ejercer la democracia cuando lo requiera y de manera vinculante.

Particularmente yo estoy cansado del discurso que critica lo que nunca ha sucedido: la participación democrática. Sería mejor que fuéramos un poco científicos a este respecto y menos rolleros si se me permite—. Probemos la democracia participativa aunque sea a pequeña escala pero real, que haya un porcentaje de gobierno que obligue a los partidos, especialmente a los que se llaman renovadores, a incluir la posibilidad de referéndums vinculantes. En realidad esto no supone un gran esfuerzo, simplemente al mecanismo de la ILP hay que darle otro carácter, en vez de que sirva para elevar una demanda al Parlamento para su consideración, debería desencadenar un referéndum vinculante —a ver qué sucede—. Sólo entonces podremos opinar, sólo entonces aquellos que se llaman “renovadores” podrán explicarnos la razón de arrojarse toda la responsabilidad como lo vienen haciendo los políticos de toda la vida. Y quizás, si funciona, entonces podamos avanzar hacia una implementación superior, como la sugerida en Reforma 13, o si ya nos volvemos locos podemos instaurar una Democracia 4.0.

Probemos la democracia participativa, vayamos a la práctica y dejémonos de parloteo infecundo. Nadie madura en casa de sus padres bajo los cuidados y consejos protectores, se madura cuando se sale a la calle y se toman las responsabilidades que exige la vida. Y, por cierto, ése es el verdadero momento en que te ganas el respeto de tus padres. Antes sólo eres un incapaz que necesita protección y amor, en el mejor de los casos, control y mano dura, en el peor. Pues bien, el amor y la protección de la democracia representativa resulta asfixiante. Bien harían los políticos que se llaman a sí mismos renovadores ser valientes y esperar lo mejor de sus hijos, porque los hijos ya no tenemos nada que deber a unos padres que han envejecido demasiado rápido, al igual que sus discursos.

[1] Mi amigo y compañero de este mismo Blog, Pau Sanchís, me recuerda que tenga cuidado al usar el término “pueblo” porque es un “significante vacío”, que el pueblo no es algo homogéneo. Y no le quito la razón, así que aclaro que cuando uso el término pueblo lo hago refiriéndome a ese concepto que tradicionalmente se asociaba al pueblo llano, a las clases trabajadoras y desfavorecidas, y también a aquellos que desde posiciones más privilegiadas podían sentirse pueblo y luchar por él sin hipocresías.
[2] No es que no comprenda las posibilidades económicas de la salida de España del Euro. Pero, comprendiendo las posibilidades de imprimir una moneda propia, la devaluación y tener algo más de soberanía, considero poco factible que sea una buena solución a largo plazo. El problema es la plutocracia y a la plutocracia sólo la vencemos unidos. A veces, pareciera que esto de salir de Europa sólo responde al deseo desesperado de golpear a los poderes financieros. Y me temo que eso no es más que una ilusión auto-formulada que ni siquiera responde a la realidad del Capital.
[3] Parece que la competitividad sólo puede ser mediante sueldos bajos que permitan amplios márgenes de beneficios. Esto de por sí ya muestra que se trata simplemente de que los ricos quieren ganar más en todo momento y la mejor manera que se les ocurre es a costa de los trabajadores. Por desgracia, Marx sigue más que vigente. Pero puede haber una competitividad basada en la calidad, en la economía del bien común, márgenes más bajos y un inevitable decrecimiento. Puede haber una competitividad en el buen hacer, para que se me entienda. Además, el modelo actual basado en el crecimiento capitaneado por la competitividad nos está acercando a un abismo ecológico y social, si es que no estamos cayendo ya, precipitados, y ante la inevitable catástrofe nos conformamos con creer que ˝por ahora todo va bien”.
[4] Esto de unilateral es importante, porque hay quien considera que el pueblo nunca sería capaz de legislar de forma responsable, y que, por tanto, es mejor que lo hagan los profesionales de la política. Pero en países nada sospechosos de izquierdistas como Suiza, sus propios ciudadanos votaron en un referéndum subirse los impuestos. Tener democracia participativa significa que, si es necesaria una reforma laboral y el pueblo también lo entiende así, se tendrá que llegar a un consenso entre políticos, ciudadanos, ONGs, activistas y otros colectivos para conformar una serie de propuestas razonables. En el mejor de los casos, si el gobierno es sensible al consenso, se podría aplicar la reforma sin la necesidad de llevarla a un referéndum. Pero esto sólo puede ocurrir si el gobierno sabe que si actúa de manera unilateral y no es sensible al pueblo, éste podrá revocar dicha reforma mediante un referéndum y proponer una nueva. La posibilidad del pueblo a participar de manera vinculante es lo que obliga a los “representantes” a ser representantes de verdad. 

Autor/a

Fundador, editor, diseñador e ilustrador de El Rincón de Pensar. Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia, tras estudiar un año en la Solent University y un semestre en la ENAP-UNAM. Realizó un máster en Escritura de Guión Cinematográfico impartido por la FIA-UIMP, y un máster en Producción Artística de la Universidad Politécnica de Valencia. Actualmente es doctorando en Industrias de la Comunicación y la Cultura por la Universidad Politécnica de Valencia, y trabaja como investigador y responsable de comunicación en el Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano (México).

2 Comments

  1. Rafa Solaguren-Beascoa diciembre 16, 2016 at 11:12 am

    Muy interesante reflexión, pero.en lo referente a referéndums jamas entendere que una decisión de gran trascendencia tenga que ser aceptada porque lo vota la mitad mas uno.
    Hasta para cambiar el horario en el centro escolar de mis hijas no solo vale con que lo apruebe el consejo escolar. Tiene que ser aprobado por el voto de dos tercios y una participación mínima de dos tercios del censo.
    Hay que dar facilidad a los rreferéndums vinculantes pero con ciertos margenes creo yo.
    No se como haran eso los suizos.

    • Josep Sanmartín Cava diciembre 19, 2016 at 7:26 am

      Bien, míralo así. Por el mismo razonamiento, entonces, que la mitad más uno del Parlamento lo decida todo es todavía peor. Pues estamos hablando de 350 personas en total, y que la mayoría de las veces es incluso menos. O que, un gobierno sustentado por entre un 10% y un 20% de los españoles, de una participación que no supera el 40% de la participación en las elecciones, tampoco tendría legitimidad para decidir de manera unilateral por decreto. En mi opinión, siempre va a ser mejor que decidan más que menos, cuanto mayor es la posibilidad de ampliar las personas que deciden, mejor y más fácilmente se diluyen los intereses personales, la corrupción.
      Para los suizos los referéndums son vinculantes, porque entienden que tomar decisiones políticas es algo sencillo, hay que leer a Daniel Ordás para entender bien cómo funciona el sistema suizo. En un sistema participativo, antes de un referéndum, las partes, políticos, ciudadanos u otros colectivos, entran previamente en un debate de contenidos y, cuando se mandan las papeletas, se mandan junto a una publicación con todas las propuestas, también las de los políticos, desarrolladas y bien explicadas. Por eso se entiende que no se necesita que los representantes decidan por el pueblo cuando hay un referéndum, porque es cómo un poco absurdo —si se me permite— el elevar algo decidido directamente a una cámara mucho menor donde los intereses personales, algunos de tipo inconsciente, van a sesgar la decisión, sobretodo teniendo en cuenta que están insertos en el sistema de poder, no del lado del pueblo. Además, la democracia participativa permite revocar algo que no funciona bien, el pueblo puede votar algo equivocado o algo temporal sabiendo que puede revocarlo en cualquier momento.
      De todas maneras hay que saber que la democracia participativa tampoco es que tenga unos altos índices de participación porque, en realidad, tal como se plantea, a través de referéndums desencadenados por campañas de apoyos, los referéndums funcionan como dispositivos más que como herramientas permanentes (para decidir permanentemente hay que ir a modelos como Democracia 4.0). Los referéndums son dispositivos que sólo se ponen en marcha si los políticos no son capaces de gobernar de manera sensible, pues no sería necesario iniciarlos si estos lo hacen bien, ya que iniciar un proceso de referéndum no es algo fácil, así que ya de por sí existe una barrera que no permite que no se someta a referendo cualquier cosa, sino aquello que está motivado por razones apoyadas por una buena cantidad de ciudadanos.
      Otra cosa a tener en cuanta es que quizás haya gente que no vaya a votar determinada cosa confiando en el resultado, o porque no le importa, quizás haya una participación baja para cierta propuesta, pero eso no significa que no haya una consciencia colectiva que haga que muchas personas no vayan a votar por las razones expuestas u otras, confiando en el sistema. Pero, si por alguna de aquellas, algo que se ha decidido resulta perjudicial, lo que sucede es que se puede organizar un referéndum todo seguido para para deshacerse del entuerto, porque la democracia participativa se basa en que el sistema debe adaptarse en todo momento para evolucionar, no ser estático e inamovible. Por otro lado, hay temas que seguramente tendrían una gran participación ya de por sí. Imagina si se hubiera podido votar la reforma laboral, la ley de seguridad ciudadana o ir a la guerra o no.
      En cualquier caso, la democracia participativa no es algo hermético, eso quiere decir que como en el Parlamento, se podrían establecer proporcionalidades de voto según cuestiones. Y me temo que en un país tan conservador como España esto sería así, algo en lo que yo no estoy de acuerdo pero, si lo decidiera la mayoría en referéndum y con la posibilidad de cambiarse, lo aceptaría.

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