lunes, noviembre 20, 2017
Vertiente Crítica

La vía catalana

El músculo político del catalanismo parece seguirse tensando con la misma intensidad que desde la primera manifestación multitudinaria. Si la estrategia mariana era esperar sin hacer absolutamente nada con la pueril esperanza de que todo se solucionaría, le ha salido el tiro por la culata. ¿O no? Tal vez quiere seguir sacando rédito electoral de la cuestión catalana hasta que decida retirarse finalmente de la política.

En cualquier caso, la cuestión catalana sigue estando presente y nada parece apuntar que se vaya a disolver por si sola. Ejemplo de ello es la manifestación de la Diada que ayer congregó alrededor de 1 millón de personas. Ahora bien, si echamos la vista atrás vemos que la primera manifestación multitudinaria de corte independentista, la convocada en julio del 2010, fue la respuesta directa a la mutilación realizada por el tribunal constitucional del Estatut. Un texto que, como es sabido, había sido refrendado por una mayoría de catalanes y ampliamente aprobado por el Parlament.

Así las cosas, ¿no se trataría de buscar nuevas estrategias políticas que vayan más allá de la negación o la ausencia de reconocimiento? La ausencia de reconocimiento o el reconocimiento dañino de los otros bajo la construcción de una imagen distorsionada del Otro puede llevar a una herida identitaria, ya que se daña el amor propio; este hecho puede derivar, a su vez, en un odio y una forma de opresión. Y es que como afirma el Charles Taylor en su obra La política del reconocimiento: “el reconocimiento no es simplemente cuestión de educación: es una necesidad humana vital” (Taylor; 2009, 42).

No nos equivoquemos, el espíritu de la transición fue bueno para incorporar el camino de la democracia, pero hoy por hoy es insuficiente. Por ello, aquellos que abogan por una recentralización deberían mirar a su alrededor e intentar hacerse cargo de la complejidad que nos rodea bajo el respeto y el entendimiento a una sensibilidad distinta a la española. ¿Y qué hay de malo en que existan distintas sensibilidades nacionales a la española? Absolutamente nada. El talante democrático de un país se mide, también, por el respecto y el reconocimiento a culturas más minoritarias.

Con todo, o empieza a haber voluntad de diálogo –para lo cual es necesario el reconocimiento del Otro como sujeto con el que negociar-, o el enquistamiento de la cuestión será todavía mayor y continuaremos asistiendo a una judiacilización de la política, con el Tribunal Constitucional a la vanguardia, que no sirve absolutamente para nada. Bueno sí, tal vez sirve para que Mariano siga esperando a ver qué pasa.

 

Pau Sanchis

Autor/a

Fundador y editor de El Rincón de Pensar. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia tras estudiar un año en la universidad París 1 Panthéon-Sorbonne. Actualmente finaliza el grado de Ciencias Políticas con una estancia en la Universidad de Montréal. Es profesor del Grado en Filosofía Online de la UCV “San Vicente Mártir”.

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