lunes, noviembre 20, 2017
Vertiente Crítica

Los líderes y los autómatas no saben participar

Desde hace años, hemos sido testigos de cómo del 15M (reactivo, participativo y apartidista) íbamos transitando, poco a poco, hacia un panorama tremendamente politizado y anti-participativo. Seguramente habrá quien diga que exagero, que precisamente la participación está en boca de todos los líderes políticos y que es la punta de lanza de todo lo que sucede hoy. Y es cierto, es la punta lanza que ahora mismo alzan un buen número de líderes que bien podrían empuñar cualquier otro discurso.

Más allá de los discursos debemos afrontar los hechos, y es que no se puede hablar sólo de castas o vieja política, sino de la atemporal soberbia y el tribal sentido de grupo, cualidades capaces de renovarse ante cualquier tipo de vanguardia. Así, uno puede dejar que lo formen en un pelotón de confianza y arrasar con todo creyéndose mejor que los demás y sin ningún tipo de criterio, perpetuando así las castas y la vieja política, renovadas bajo el paraguas de una nueva ideología que sostiene las mismas estructuras de poder. Uno puede comportarse como un hooligan político y ayudar a que se perpetúe el ciclo, o darse cuenta que todos podemos cometer los mismos errores y que, por tanto, creernos los mejores es simplemente poco inteligente; y más todavía, creernos con la razón por seguir a modo de fe a un iluminado es anti-participativo y conservador.

Como muchos otros participé en el 15M pero no me involucré en ningún grupo político hasta la llegada de Podemos, de Podemos me fui desencantado para llegar a Ahora en común, y de Ahora en Común (Unidad Popular) me voy con severas lesiones gastrointestinales. La verdad es que una cosa es cierta, ni los líderes ni sus ejércitos de autómatas entienden qué es la participación ni nunca podrán hacerla posible. En los dos proyectos vi lo mismo, cantidades inmensas de personas, de ciudadanos, trabajando y proponiendo mientras, agarrados con uñas y diente, una serie de personas, algunas de renombre, se aferraban a las estructuras que les permitían hacer y deshacer a su antojo, e impedir la participación de la gente. Uno se preguntará cómo en un movimiento participativo los líderes son los que se encargan de acabar con la participación. Precisamente por eso, porque son líderes, y a los líderes les siguen ejércitos de autómatas que hacen lo que sea necesario para que sus ídolos consigan sus objetivos. Muchos de ellos incluso se jactan de las inmoralidades que cometen, pues creen que los medios justifican el fin —una de las afirmaciones más desafortunadas que conozco—. A mi parecer, en política, son los medios los que determinan el fin, al menos eso es lo que parece reflejar la historia.

En esta vorágine, un número reducido de personas han logrado acabar con la participación mayoritaria tanto en Podemos como en Ac (UP). Para ello, se han hecho valer de un argumento tan viejo como la política: el argumento del enemigo interno, que según el grupo que atacara era IU, IA o Podemos. Así, podías escuchar las mismas argumentaciones por parte de los distintos grupos en lucha, que señalaban enemigos por todas partes y actuaban en consecuencia, afilando las navajas y organizándose en grupos secretos. Hay quien me tachará de conspiranoico, pero por desgracia he sido testigo de la existencia de esos grupos, tanto de Podemos como de IU, y circulan por la red numerosas capturas de esos lamentables chats privados, algunas publicadas recientemente. Lo peor de esta historia es que he trabajado con un montón de personas válidas de IU y Podemos, pero, en estos momentos, aborrezco a sus cúpulas por igual, pues todos hemos sido utilizados por un único interés: figurar en una lista. Me gustaría decir, como independiente, que me parece intolerable que en esta lucha de partidos, a los ciudadanos se nos ha tratado como a una entidad política inferior a la que había que machacar, como una especie de locos que trabajaban en mecanismos participativos sin entender la verdadera política, la de la cloaca. Pues bien, en este tiempo he visto como desde la cloaca se atacaba y calumniaba a personas realmente válidas y participativas por la miopía de los que como autómatas han venido a un proceso participativo a arrasar con todo, en algunos casos, creyéndose las soflamas de sus respectivas cúpulas; en otros, a ver qué pillaban si anulaban cualquier tipo oposición.

house_of_cards_300La cloaca es el reducto del incapaz y del inmoral, de los que se creen llamados a gobernar. Sin embargo, los que creen en la participación, los que creen en que “es el pueblo el que está llamado a gobernar”, creen en el proyecto y no en sí mismos.

La política debe celebrarse al aire libre, para que sólo lo válido florezca y las miserias se hagan evidentes. Ése podría ser el verdadero camino de la renovación política, la participación y la transparencia real, lo otro es sólo una muy bonita renovación del discurso. Actuar de soslayo, con la navaja afilada, puede parecer muy inteligente, así nos lo muestran constantemente en la televisión; pero actuar de frente y de forma transparente, participando con los demás, es lo que necesitamos. Los líderes y los autómatas no creen en esto, creen en Juego de Tronos y House of Cards, lo que resulta un poco paradójico en movimientos participativos, pues el camino hacia el poder utilitarista y egoísta es más propio de movimientos autoritarios, al menos, así se justifica ideológicamente. Y esto me lleva al principio de este texto. Si nos fijamos en los hechos tenemos a muchos líderes con discursos participativos que actúan de forma autoritaria, algunos de ellos van dando conferencias y escribiendo artículos sobre la participación cuando ni siquiera creen en los ciudadanos. ¿Qué podemos hacer entonces? Sólo hay una respuesta: el camino tortuoso de la participación. Tortuoso, porque significa la posibilidad de frustrar los sueños políticos de aquellos que impulsen el cambio; pero, al mismo tiempo, también se mitiga la “atemporal soberbia”; por otro lado, si es la mayoría quien decide y de forma transparente, muy a pesar de los promotores, poco tendrán que hacer las redes de intereses, reduciendo así el “tribal sentido de grupo” —a mí eso sí que me parece nueva política—. Es muy importante entender que impulsar y trabajar en un proceso participativo, por mucho que uno se deje la piel, no debe significar esperar recibir ningún tipo de recompensa política, pues lo única meta debe ser la soberanía ciudadana.

La participación real es la única fórmula: participación efectiva, ILPs y referéndums vinculantes. Pero, también, en el seno de los partidos que se califican como participativos debe existir la mayor horizontalidad posible y la posibilidad de decidirlo todo a partir de la gente. Sería muy bueno que se entendiera que en vez de líderes se debería hablar de portavoces. Puede parecer lo mismo pero no lo es, un líder goza de autonomía y se justifica en su superioridad (es un ser autoritario); un portavoz, sin embargo, es responsable ante la gente y no tiene más voz que la de las personas que lo han elegido para tal responsabilidad. Es muy importante invertir la estructura y que los dirigentes sean los ciudadanos. Es posible que entonces ya no se pudiera hablar de bases, pero fuera lo que fuera debería estar al servicio del ciudadano. Aunque pueda parecer que lo digo en broma no es así, el mero hecho de que esto pueda parecer una locura sólo evidencia lo lejos que está el pueblo de gobernar. Por último, también sería bueno que los portavoces interiorizaran su cometido, pues muchos de ellos se olvidan de su responsabilidad en cuanto sufren el mal de altura. Sería muy importante que cualquier proyecto participativo en construcción se preocupara primero de los mecanismos participativos, de los sistemas de decisión y del programa y, por último, de la elección de sus portavoces. Así, seguramente, al final un gran número de portavoces no serían los más promovidos, sino los más válidos. También, hay que tener cuidado con los mecanismos de comunicación a este respecto, pues la comunicación hace política y políticos. Por tanto, los grupos de comunicación también deben estar sometidos a los procesos participativos y a la transparencia, rechazando los comandos mediáticos, que tan malos resultados han traído, frente a la desbordante ilusión de las experiencias municipalistas de Madrid y Barcelona. Hay que entender que los grupos de comunicación se convierten con facilidad en redes de intereses, con mucho poder, capaces de dinamitar cualquier proceso participativo; pues al controlar los canales de comunicación pueden manipular el discurso fuera y dentro de cualquier proceso político, censurando, troleando, realizando ataques personales, alimentando el temor al enemigo interno y ensalzado sólo aquello que les interese. De hecho, la comunicación es lo primero que todo líder intenta fagocitar.

Hagamos que la participación sea la única razón política.

  • Imagen de House of Cards alberda en la web Devian Art.

Autor/a

Fundador, editor, diseñador e ilustrador de El Rincón de Pensar. Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia, tras estudiar un año en la Solent University y un semestre en la ENAP-UNAM. Realizó un máster en Escritura de Guión Cinematográfico impartido por la FIA-UIMP, y un máster en Producción Artística de la Universidad Politécnica de Valencia. Actualmente es doctorando en Industrias de la Comunicación y la Cultura por la Universidad Politécnica de Valencia, y trabaja como investigador y responsable de comunicación en el Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano (México).

6 Comments

  1. Ocol noviembre 2, 2015 at 3:06 am

    Ya nos gustaría tener a día de hoy una democracia representativa. Pero ni siquiera tenemos eso.
    De hecho, es que la democracia o es participativa o no es democracia. Un Pueblo que no participa, no gobierna.

    Pero vamos, suponiendo que la democracia representativa pudiera existir, en España no la tenemos.

    A riesgo de ser cansino, ahí dejo otro enlace, donde están expuestas las barreras establecidas, tanto en la LOREG como en la Constitución, para impedir que nuestro Sistema político -parcialmente- representativo sea democrático.

    http://noalregimendel78.blogspot.com.es/p/por-que-decimos-que-no-hay-democracia.html

    Un saludo,

    • Josep Sanmartín Cava noviembre 2, 2015 at 7:56 pm

      Por supuesto, si analizamos lo que tenemos, ni es representativo ni es democracia. Gracias por la nueva información. Un saludo, Josep.

  2. Ocol octubre 31, 2015 at 12:10 am

    Los partidos políticos siempre han sido organizaciones contrarias a la participación. Ya lo dejó escrito el también desencantado- en su caso del partido socialdemócrata alemán- Robert Michels, en 1915, en su libro “Los partidos políticos”.

    Al ignorar la Historia, seguimos cayendo en el mismo error una y otra vez.

    Ahí dejo un picotazo:
    http://ciudadanoenblanco.blogspot.com.es/2014/07/partidos-politicos-democracia-error_17.html

    Un saludo,

    • Josep Sanmartín Cava noviembre 1, 2015 at 11:42 pm

      Muchas gracias por esta información.

      Un saludo atento,
      Josep Sanmartín

  3. El Antropólogo Marciano octubre 30, 2015 at 7:31 pm

    ¿pero qué se supone que es la participación? y ¿por qué participación y no otra forma de gobierno? este blog se centra en estos temas, tal vez te interese echarle un vistazo.
    http://democraciaparticipativagobedana.blogspot.com.es/2011/09/un-nuevo-modelo-de-estado-primera.html

    • Josep Sanmartín Cava noviembre 1, 2015 at 11:52 pm

      Gracias por la aportación. Tengo que decir que la Democracia Participativa Gobedana, la que defendía en su momento Democracia 4.0, es uno de mis ideales democráticos. Gracias por el artículo porque está muy bien planteado y explicado. Lo único es que quizás debamos avanzar en la democracia participativa más, pues, en mi opinión, ni siquiera hemos llegado a gobernados por la misma. Lo que tenemos es una democracia representativa con algunos proyectos políticos que se dicen participativos pero que mayormente son representativos. Es difícil definir el camino pero hay que avanzar, eso es evidente, y hay alternativas de todo tipo con mayores garantías participativas que las actuales.

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