lunes, noviembre 20, 2017
Vertiente Crítica

Merecemos algo mejor que el mundo según Belén Esteban

Nuestra sociedad tienen tiene un grave problema y es haber dejado que el mundo sea definido por la indecencia. Si te comportas de modo inmoral, si eres un incompetente o robas, gozarás del silencio, la camaradería e, incluso, el beneficio de la justicia; sin embargo, si trabajas, eres competente y decente, te lloverán críticas destructivas de todo el mundo, hasta de tus más allegados. Ortega[1] definía este momento en el que vivimos como la peor de todas las situaciones, cuando la masa es autocomplaciente y ataca a las minorías ilustradas, y que es este es el tipo de masa que resulta fácilmente manipulable y deseable para los gobiernos autoritarios. Christakis y Fowler[2], mediante estudios sociológicos al respecto, entre los cuales se encuentran los del famoso sociólogo Stanley Milgram, corroboran la afirmación de Ortega, definiendo este tipo masa como las sociedad parasitaria, donde los parásitos se aprovechan de la mayoría y la vuelven en contra de aquellos que creen en la justicia, de aquellos que luchan por defenderla y por el progreso de la humanidad; esas minorías que han existido desde que el hombre es hombre, los auténticos héroes que han procurado todo tipo de revoluciones durante la historia, no sólo de tipo político, sino culturales, científicas, filosóficas, etc.

José Ortega y Gasset (Madrid, 1883-1955)

José Ortega y Gasset (Madrid, 1883-1955)

A lo largo de la historia han existido personas que han procurado las mejores virtudes de la humanidad, personas a las que se ha injuriado e intentado someter de manera sistemática, como a Galileo, a Víctor Jara, a Salvador Allende, a la Pasionaria, etc. Y esto también sucede hoy en día: Edward Snowden, Julian Assange, Chelsea Manning o Aaron Swartz. Y como a lo largo de la historia, los poderes económicos y políticos utilizan todas sus herramientas para someter a aquellas personas que procuran el bien a la sociedad, no sea que la masa se vuelva crítica e integradora de las minorías intelectuales, de las personas comprometidas y de los justicieros. En definitiva, se convierta en la “masa” que tanto Ortega como Christakis y Fowler defienden como la mejor de las sociedades, con algunas diferencias. Me gustaría matizar a este respecto que hay quien dirá que Ortega defendía a las minorías aristócratas, y esta crítica sólo vendrá a confirmar lo anteriormente expuesto, esa crítica fácil que viene a manchar a todo ideólogo que no se ajuste a los criterios del poder. Así, siempre tenemos críticas que se basan en los contextos históricos y no profundizan en las ideas defendidas. Por esta razón, nunca sobrarán las críticas hacia personas como Ortega o Marx, o hacia cuestiones como la democracia griega o suiza. A mí me gusta reivindicar a este filósofo pues cuanto más le leo más me gusta, a pesar de algunas discrepancias. Y diré, para aquellos que no lo sepan, que Ortega defendía a las minorías intelectuales, pero que, en el contexto que le tocó vivir, éstas estaban representadas por las aristocracias (las únicas que podían recibir educación). Sin embargo, creía que estas minorías bien podían estar representadas por obreros igualmente formados. Sé que, a pesar de todo, aún habrá quien criticará con vehemencia lo que digo, extrayendo algunos fragmentos del autor que son susceptibles de crítica y que yo tampoco comparto. Pero eso no debe impedir ver la capacidad intelectual de un genio, que se debe situar en su contexto, para intentar comprender incluso aquello que no compartimos.

La verdad es que hay quien creerá que tener conciencia política significa ser ultra-crítico, yo lo creo. Sin embargo, la crítica en sí tiene un valor que puede ser positivo o negativo. Así, una crítica bien construida y fundamentada tiene como resultado un debate próspero para la sociedad que tiene el privilegio de formarse y mejorar. En contra, tenemos la crítica simplona, POPULISTA (de derechas o izquierdas), del reproche vacío, de la opinión, del tópico, rosa y antisocial. Es, en definitiva, el tipo de crítica que sustenta la mayoría de los debates o “declaraciones” de los mass media que, en vez de fomentar debates con personas verdaderamente ilustradas, nutre sus programas con un buen número de opinólogos, mercenarios de algún tipo de poder, que ni siquiera están bien formados y mienten descaradamente. Para mí eso no es ser ultra-crítico sino ultra-charlatán.

Es bastante triste leer o escuchar a según qué periodistas, ver cómo avivan las ascuas de una sociedad marchita, que reacciona airadamente a cuestiones que debería defender. Es bastante lamentable comprobar como en esta sociedad disciplinaria[3] hay personas que se rasgan las vestiduras y que con gusto se ponen el yugo de la ignorancia, defendiendo con arrogancia la imposición de severos castigos a sus conciudadanos sin comprender la limitación de las libertades y del progreso que con su pleitesía traen a la sociedad.

ConectadosVivimos la política según Belén Estaban, la bilis y la ignorancia imperan, y en las próximas elecciones un buen número de personas volverán a votar a corruptos creyéndose con la verdad más absoluta. Lo harán, sin tener en cuenta que la verdad ni siquiera se puede alcanzar, y que la única vía de progreso es considerar que todos podemos estar equivocados y que, por tanto, lo mejor es colaborar y procurar debates profundos e ilustrados; o, simplemente, permitiendo que estos se den, aunque no supongan una implicación directa. Esto permitiría un avance político y cultural sin precedentes. Puede haber una política de lo mejor, una mejor prensa y mejores personas, una sociedad preocupada por el bien común, pero esto no sucederá hasta que no nos preocupemos en cambiar nuestra cultura, acabar con el homo economicus y fomentar la figura del hombre conectado que también contempla el altruismo y que es capaz de colaborar. Mientras esto no sea así, veremos que hasta en las formaciones de izquierdas más radicales prosperarán las personas más individualistas, esos lobos neocon que se pueden vestir de cualquier ideología.

[1] Ortega y Gasset, José. (1936). La rebelión de las masas. Barcelona: Austral.

[2] Christakis, Nicholas y Fowler, James. (2010). Conectados. Madrid: Taurus.

[3] Sociedad Disciplinaria desde el punto de vista foucaltiano. También consultar: Foucault, Michel. (1975). Vigilar y Castigar. Argentina: Siglo XXI Editores, S.A. de CV.

  • Imagen de José Ortega y Gasset albergada en wikipedia
  • Imagen de Belén Esteban extraída del fotograma albergado en el Blog lainformacion.com
  • Imagen de Belén Esteban extraída del fotograma albergado en el Diario mallorcaconfidencial.com
  • Imagen de Federico Jiménez Losantos extraída del fotograma albergado en youtube

Autor/a

Fundador, editor, diseñador e ilustrador de El Rincón de Pensar. Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia, tras estudiar un año en la Solent University y un semestre en la ENAP-UNAM. Realizó un máster en Escritura de Guión Cinematográfico impartido por la FIA-UIMP, y un máster en Producción Artística de la Universidad Politécnica de Valencia. Actualmente es doctorando en Industrias de la Comunicación y la Cultura por la Universidad Politécnica de Valencia, y trabaja como investigador y responsable de comunicación en el Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano (México).

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