miércoles, noviembre 21, 2018
Vertiente Crítica

Pentamuertes: Cinco muertes para combatir la indiferencia en Centroamérica.

Pentamuertes: Cinco muertes para combatir la indiferencia en Centroamérica.

Ser centroamericano es ser medio muerto/ eso que se mueve/ es la mitad de la vida que nos dejaron/ Y como todos somos medio muertos/ los asesinos presumen no solamente de estar totalmente/ vivos/ sino también de ser inmortales.

Todos juntos/ tenemos más muerte que aquellos/ pero todos juntos/ tenemos más vida que ellos/ La todapoderosa unión de nuestras medias vidas/ de las medias vidas de todos los que nacimos medio/ muertos.

(Todos nacimos medio muertos en 1932, Roque Dalton.)

Roque Dalton (1935-1975). Poeta salvadoreño y exponente de la literatura latinoamericana del siglo XX.

Roque Dalton (1935-1975). Poeta salvadoreño y exponente de la literatura latinoamericana del siglo XX.

¿Se puede pensar sobre o desde la muerte? La necesidad de hacer estas preguntas surge del hecho que como civilización, y como Centroamérica en particular, no hemos pensado bien sobre la vida o desde la vida. Con ello quiero decir que la situación de muerte que acaece en Centroamérica, cuyos índices de mortalidad y criminalidad son los más altos del mundo, nos colocan ante la experiencia, por decirlo de algún modo, de ser la sociedad que más desprecia la vida a raíz de la violencia que nuestro funcionamiento como sociedad conlleva. Podría alegarse que somos una sociedad cuyo proceso de vida genera una proporción de muerte que no es normal. Podría decirse que esto suena muy necrófilo. No es la intención. También podría afirmarse en un plano más filosófico: ¿Por qué pensar desde la noción de muerte o desde el final de la existencia humana, si los estudios óntico-ontológicos de Martin Heidegger ponen de manifiesto que pensar sobre el ser-para-la-muerte nos coloca ante la nada y por lo tanto nada podría extraerse de esa forma de pensar? Precisamente, este artículo consiste en analizar que en esa delgada faja de tierra bañada por dos océanos de casi 50 millones de habitantes, también llamado Istmo, acaecen unas muertes que ponen en duda la concepción de una existencia humana en el sentido tradicional del término y de cómo el análisis de dicha existencia no puede ser igual para un sujeto europeo o anglosajón que para un centroamericano, africano o asiático.

Pentamuertes es un concepto que intenta demostrar cómo la indiferencia, la irracionalidad y la miserable situación en la que se encuentra Centroamérica llega a tal punto que ocurren muertes que no deberían ocurrir y que son perfectamente evitables. Pentamuertes también significa una carga moral y ética, la cual pesa sobre las espaldas de todo aquel ciudadano que comparta el argumento de que en Centroamérica ocurren muertes evitables, innecesarias, inhumanas e ilógicas. Ante ese status quo se vuelve un deber plantearse la cuestión de si la vida en Centroamérica es realmente vida en el sentido más humano del término y no una simple sucesión de hechos en un escenario de supervivencia y lucha darwinista de especies que pululan entre trabajos precarios, corrupción, migración y muerte sin trascendencia antropológica alguna. Pentamuertes es, en definitiva, reconocer que existen muertes tan irrisorias en Centroamérica que deslegitiman y quitan toda significación a la vida humana y la convierten en barbarie. De seguir así estaríamos dándole motivo y excusa al llamado primer mundo o a la conciencia robinsoniana de intervenir en lo que ellos llaman un escenario de salvajes y de bárbaros, tal como ocurrió y fue defendido en la Junta de Valladolid de 1550 por Ginés de Sepúlveda al justificar la presencia y autoridad de la corona española para civilizar a los salvajes, o bien, tal como en la literatura distópica se describe al personaje de John, el Salvaje en la novela Un Mundo Feliz de Aldous Huxley, en donde se nos describe como unos salvajes que a pesar de conocer versos de Shakespeare no hacemos más que reclamar el derecho a sufrir y a morir.

La continua posibilidad en centroamericana de muertes carentes de racionalidad y repletas de injusticia es trasversal en toda la historia de la humanidad. Siempre ha habido y siempre habrá muertes injustas. No obstante, Pentamuertes plantea una cuestión, la cual radica en que se ha pensado al sujeto y al humano desde términos estrictamente vitalistas cuando lo que nos rodea, al menos en Centroamérica, el mundo árabe o en África, es un entorno generalizado de muerte. Por esto es necesario plantear si el debate sobre la protección de la vida conllevaría también el derecho a no morir de forma injusta, es decir, dignificar la muerte. Con esto no me refiero al debate de la eutanasia, que merece un análisis aparte, sino que me refiero al hecho de que la Constitución y las leyes deberían proteger a los seres humanos de muertes ignominiosas, de muertes similares a safaris de antropoides, de aperreamientos y en definitiva, de muertes desvergonzadas e indiferentes como las que se analizan aquí: la de morir con un tiro en la cabeza por proteger el desove de tortugas en una playa de Costa Rica, la muerte de un niño en Guatemala lanzado por un puente por negarse a cumplir las órdenes de unos pandilleros que le habían mandado a asesinar a un conductor de autobús que se negaba a pagar la extorsión, la muerte de una emigrante en la puerta de un hospital de Toledo después de 4 horas en urgencias por no tener un trozo de plástico que le otorgara el derecho a la asistencia sanitaria, la muerte de un emigrante producto de los mordiscos de unos perros Rottweilers frente a unos policías y la de morir tiroteado por unos sicarios en Honduras, aun teniendo medidas de protección otorgadas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, por atreverse a utilizar su posición de líder sindical y profesor de Universidad para promover la defensa de los DD.HH y de los derechos de los trabajadores en uno de los países más peligrosos del mundo.

Pentamuertes, como un levantamiento ético de las personas ante un status quo de violencia, consiste en la actitud díscola que los movimientos populares latinoamericanos se plantearon en el pasado y que es necesario plantearse actualmente. Todo ello para no seguir presenciando una escena anti-vital y anti-natural que puede quedar resumida por las palabras del Sub-Comandante Marcos en una entrevista otorgada a La Jornada en febrero de 1994 al decir: “Aquí, cuando alguien se enferma y los familiares lo llevan al médico y éste les receta algo, entonces los familiares sacan cuentas sobre qué les sale más barato, si comprar las medicinas o comprar la caja. Así, de la manera más fría que uno pueda imaginar”. Situaciones como estas surgen por el hecho de que el Estado no puede garantizar la vida en el sentido más amplio del término. Las causas van desde la corrupción, la contaminación de la instituciones por el narcotráfico, la exclusión generalizada de la población por pobreza e ingresos, la excesiva acumulación de la riqueza en pocas manos y la de-soberanización política y económica de Centroamérica por los tratados de Libre Comercio tanto con Europa (AdA) como con Estados Unidos (DR-CAFTA).

En conclusión, Pentamuertes como concepto viene a significar que, en Centroamérica, los Estados no pueden garantizar un derecho a la vida ni en materia de alimentación, ni de sanidad ni de seguridad, por las distintas causas que hemos mencionado. Significa que es una hipocresía seguir afirmando que en Centroamérica hay una protección efectiva del derecho a la vida cuando no se pueden evitar, ni siquiera, las peores muertes imaginables; cuando las muertes irrisorias en Centroamérica son algo tan normal que la gente poco a poco ha logrado convivir con ese escenario infernal -digo infernal porque sólo en el infierno de Dante Alighieri encontraríamos castigos similares a los que se somete a la gente que decide, en algún momento de su vida, una insurrección ética contra el estatus quo-. Sin embargo, Pentamuertes también significa asumir la responsabilidad de esas muertes y transformarlas en banderas de lucha que garanticen que no puedan volver a repetirse. Por esta razón es un deber el levantamiento ético de carácter regional que busque cambiar la situación de conformidad con la anormalidad en la que se vive, que destruya la conciencia económica neothatcherista enseñadas en las escuelas del There is no alternative , que asuma la convicción de que las muertes son cuestiones que deben resolverse por la ciudadanía regional centroamericana y no por cuerpos sociales divididos y fraccionados en Estados separados, débiles y raquíticos, Estados que son solo a medias, Estados hechos a la medida de una clase o de un grupo social que se encuentra desde hace tiempo en ventaja respecto de la mayoría. No asumir esa responsabilidad nos colocaría ante muertes normales, ante muertes que consideramos naturales y que no tienen ninguna trascendencia en términos de justicia, nos colocaría del lado de los asesinos porque esas muertes no supondrían una cuestón ética respecto a nuestra indiferencia. Indiferencia que, en última instancia, ha garantizado la impunidad de todos esos crímenes. Pentamuertes incita a asumir que si los Estados no pueden garantizar de forma trasversal la vida en Centroamérica y nosotros no hacemos lo debido para cambiar esta situación, la línea que divide al asesino del ciudadano, cómodo e inocente, no existiría.

I. Jairo Mora Sandoval, 26 años. (Mayo de 2013)

Ecologista costarricense, lo asesinó una escuadrilla de encapuchados mientras patrullaba las costas de una playa del caribe en la provincia de Limón. En los titulares de los periódicos se podía leer: Costa Rica llora al niño que amaba las tortugas. La causa de la muerte de Jairo fue importunar a las mafias hueveras, ya que pertenecía a una asociación cuyo objetivo era proteger el desove de tortugas marinas en peligro de extinción. En los bares de la capital, por ejemplo, en el Bar La Burna en pleno centro de San José, todavía siguen habiendo rótulos que anuncian la venta de huevos de tortugas porque consideran que es un alimento afrodisíaco. Ninguna calle de Costa Rica lleva su nombre, a pesar de autodenominarse Costa Rica como uno de los países con mayor protección de la vida silvestre y el medio ambiente. Su muerte ha quedado impune y, sin que las tortugas, la vida silvestre y los habitantes en Costa Rica sean conscientes, hay pintadas que dicen: Jairo Vive.

II. Héctor Orlando Martínez Motiño, 44 años. (Junio de 2015)

Catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) y presidente del Sindicato de trabajadores del citado centro de estudios (SITRAUNAH), asesinado después de habérsele concedido las medidas cautelares que solicitó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Recibió diversos impactos de bala en su coche por unos sicarios motorizados cuando iba de vuelta a su casa después de una jornada laboral. En la solicitud de medidas cautelares a la CIDH escribió: «…una motocicleta color negra con un dibujo de un rayo en el tanque de gasolina me sigue hasta el Centro de Trabajo y a veces me persigue cuando voy para mi casa, acelera fuertemente y cruza la casa a toda velocidad. También, recientemente, en el parabrisas de mi vehículo me dejan papeles semicortados con mensajes de que van a asesinarme, que no me meta a problemas y me pegan recortes de periódicos con fotos de personas asesinadas, esta estrategia de amenazas se ha intensificado últimamente y de la cual es del conocimiento de las autoridades policiales.» Con su muerte y con las 13 muertes más de personas que gozaban de medidas cautelares por parte de la CIDH, se deja claro que los sicarios cumplen su palabra, que las víctimas son capaces de escribir el relato de cómo morirán antes que las autoridades sean capaces de evitar los asesinatos. Aún hay algunos que reniegan a conformar una Comisión Internacional contra la Impunidad en Honduras (CICIH) porque la consideran una invasión a los asuntos internos. Sin embargo, la misma Asamblea Nacional autorizó la llegada de más de 200 marines norteamericanos, y la base de Soto Grande sigue siendo la principal base militar del Ejército de EEUU en la región centroamericana. La Marcha de las antorchas sería la respuesta de miles de hondureños que exigen justicia al desfalco de la seguridad social de su país por parte de personas allegadas al gobierno. Un golpe social que se suma al golpe de Estado de 2009.

III. Ángel Ariel Escalante Pérez, 12 años. (Junio de 2015)

De padres nicaragüenses y habitante de la Zona 6 de Guatemala, este niño falleció días después de que unos pandilleros lo lanzaran de un puente por no haber accedido a matar a un transportista que no había pagado la extorsión. Los diarios cuentan que mientras lo llevaban los pandilleros le propusieron cómo preferiría morir, si descuartizado o lanzado por un puente. A todo lo anterior el niño respondió que lanzado, cuando su padre lo encontró tenía fracturadas las piernas y una fractura craneal. Su asesinato también quedaría impune, tal como se puso de manifiesto en el análisis del concepto de Pentamuerte: el Estado de Guatemala no puede asegurar la vida de sus niños. Ni siquiera una muerte digna, que de por sí ya es dolorosa. Su sueño, como el de muchos niños, era ser arquitecto.

En Guatemala, desde hace varios meses, uno de los casos de corrupción más grandes de los últimos tiempos y conocido como La línea que, aparte de costarle el cargo a la vice-presidenta del país ha generado protestas ininterrumpidas bajo el lema de #Renunciaya, se exige la renuncia del Presidente de Guatemala por su implicación en dicha trama de corrupción. Pero, sin descuidar el trasfondo de pobreza y violencia que vive el país, y que en el pasado también fue escenario de un genocidio en el que muchas voces denuncian la participación del propio presidente y otro militar y ex – jefe del Estado tamién impunes.

IV. Natividad Canda Mairena, 25 años. (Noviembre de 2005)

El Manuscrito del aperreamiento documenta la violenta ejecución de un prominente sacerdote y seis nobles de Cholula, atacados por un perro. Hernán Cortés ordenó tan brutal castigo; el que fuese perpetrado en la persona de un importante sacerdote muestra el papel clave de Cholula, en las esferas religiosa y política, durante los años previos a la conquista. (ref. Dialnet)

 

Natividad Canda era un migrante nicaragüense y vivía en las calles, cuando al intentar dormir en un taller en el que solía recoger chatarra -otros dicen que intentaba robar-, dos perros Rottweilers le atacaron hasta la muerte, le descuartizaron y le despellejaron literalmente. Todo ello ocurrió en las narices de 7 policías armados, el vigilante y el dueño de los perros y del taller. Era nicaragüense en Costa Rica, con todo lo que eso conlleva, la parábola de Caín y Abel desde el génesis judeo-cristiano de los tiempos ya enseñó que independientemente de que se trate de países hermanos, el odio y la envidia les lleva al crimen. La muerte de Natividad quedó impune, a pesar que en una grabación se vea lo que durante la colonia se llamó el aperreamiento. En la Biblioteca Nacional de Francia se conserva un manuscrito de 1560 que lleva por nombre El Manuscrito del aperreamiento. En dicho manuscrito, como si fuese la versión actualizada la grabación de la muerte de Natividad Canda, se observa la muerte de un sacerdote de Cholula, México, a quien Hernán Cortes dio la orden de aperrear. Lo mismo hizo el 18 de Junio de 1528 con 18 caciques de Olocotón el Gobernador de Nicaragua, Pedrarias Dávila, mientras eso pasaba, el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo tomaba apuntes de ese castigo. La muerte de Natividad quedó impune, su anciana madre se desmayó y puede que actualmente viva en la miseria.

V. Janeth Beltrán, 30 años. (Mayo de 2014)

Como miles de centroamericanos, Janeth tuvo que emigrar. Su lugar de trabajo en España estaba cerca de la llamada Ciudad Imperial, Toledo. Ahí donde se encuentran los cuadros del famoso greco, ahí mismo encontró la muerte. Ahí donde el extranjero Doménikos Theotokópoulos pintó La muerte del Conde de Orgaz y a cuyo cuadro un eminente médico, Gregorio Marañón, escribió un libro para analizar los cargos, las hazañas y el status de todos los que asistieron a aquella muerte de noble, ahí durante horas agonizó en un hospital la nicaragüense que no era ni noble ni tenía la documentación que le daba el derecho a ser atendida a pesar de dar todos los signos mortales, pero ni eso. Cuando su amiga se la llevaba a rastras a otro hospital donde pudieran atenderla, fue entonces cuando la valoraron, para ya era muy tarde. Su muerte ha quedado también impune. Como hormigas sus compatriotas recogieron grano a grano la cantidad de dinero para darle un entierro digno a tan indigna muerte, el concepto de hospitalidad murió para mí ese día. Al gobierno de España antes de recortar gastos en defensa, no se le ocurrió otra idea para ahorrar que anular mediante el RD 16/2012 el derecho a la sanidad universal de los inmigrantes. Algunos estudios dicen que los inmigrantes en España, incluso aquellos que tienen regularizada su situación migratoria, hacen menos uso de los servicios sanitarios que los propios ciudadanos españoles. Con esta muerte Centroamérica debe aprender que nadie le tenderá la mano en los momentos más agónicos. La diáspora centroamericana debe acabar, se debe empezar por no ser indiferentes a las muertes más ignominiosas de nuestra historia.

Autor/a

Fundador y editor de El Rincón de Pensar. Managua, Nicaragua. Licenciado en derecho, realizó un máster oficial en Abogacía y Pensamiento Filosófico Contemporáneo por la Universidad de Valencia. Actualmente es candidato a Doctor en Derecho Constitucional. Trabaja como consultor jurídico en Nicaragua y España. Ámbitos de interés: Nuevo constitucionalismo latinoamericano, derecho económico, relaciones internacionales y geopolítica latinoamericana, teoría del Estado y el derecho, jurisprudencia comparada, filosofía del derecho, teología y filosofía de la liberación.

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