miércoles, noviembre 21, 2018
Vertiente Crítica

El sueño de Europa produce monstruos

Como si de una tragedia griega se tratara, los últimos acontecimientos ponen contra las cuerdas a Europa. Las negociaciones fallidas entre el Eurogrupo, dominado por Alemania, y Grecia hacen necesaria una seria reflexión de lo ocurrido. Más allá de las disputas ideológicas de cómo se debe generar crecimiento en una economía fuertemente deprimida, cabe señalar cuál es la situación que los griegos llevan sufriendo desde que pidiera su primer rescate. De este modo, se entenderá el clima de tensión en las negociaciones aparentemente rotas y porqué desde Syriza se ha justificado un referéndum para ver si el pueblo acepta las condiciones del nuevo rescate o, por el contrario, las rechaza.

El panorama griego es, simple y llanamente,  apocalíptico: pérdida de 40% del salario de las pensiones, salarios públicos reducidos un 15%, salario mínimo reducido un 20%, 30.000 funcionarios despedidos, subidas de impuestos y recortes en sanidad y educación para intentar cuadrar un déficit público irrefrenable.

Condenando a un país a dicha miseria, ¿de verdad alguien pensaba que se iba a aceptar otro rescate con iguales pretensiones? ¿las mismas políticas de austericidio eran las que iban a sacar a los griegos/as de la profunda crisis a la que les habían lanzado? De hecho, Philip Legrain, asesor de José Manuel Barroso entre 2011-14, señalaba hace poco “Grecia hace muy bien en no confiar en la buena fe de las autoridades de la eurozona. Ellos son responsables en gran medida del sufrimiento griego de los últimos cinco años: poniendo más deuda sobre los hombros de los griegos en 2010 para rescatar a los bancos alemanes y franceses -que sin descanso prestaron dinero a una Grecia insolvente”.[1] 

Otro dato más que significativo es que la deuda pública del país heleno, a pesar de las recetas de Europa, ha pasado de representar en 2009 un 126% de su PIB hasta el 180% que roza en estos momentos. Es por ello que el voto que el pueblo de Grecia dio a Syriza en las pasadas elecciones refleja que una mayoría clara está en contra de la miseria social impuesta al país con las políticas de la troika; un claro mandato de que la mayoría de la población necesita un viraje en la política económica que cambie la tragedia social en la que está sumergida el país.

Ahora bien, en el otro lado de la negociación encontramos a los representantes de 18 Gobiernos pertenecientes al Eurogrupo que, aduciendo a un mandato de democracia indirecta y claramente guiados por los intereses de Alemania, abogan porque la deuda contraída debe pagarse. Además, ésta tiene que ser devuelta con las condiciones que los acreedores entiendan más favorables.Las deudas se pagan, perfecto. Pero ¿a qué precio? ¿a costa de condenar a la miseria a dos o tres generaciones?

Ante esta disyuntiva de no poder tensar más la cuerda, el gobierno griego ha decidido someter a referéndum el acuerdo que se les propone. Aunque pudiera ser que acepte las condiciones impuestas, quieren que éstas sean refrendadas. La idea que subyace es que los ciudadanos puedan tener influencia directa respecto a una de las decisiones más trascendentales que ha tomado su país. ¿Quién mejor para decidir su futuro que el propio pueblo? Con ello, se consigue superar así el monopolio de la representación aumentando la legitimidad de una decisión que atañe a todos y cada uno de los griegos con edad legal de votar. Sin embargo, ni al presidente de la Comisión ni al Eurogrupo ha gustado esta decisión, ya que la consideran un chantaje a todo el aparato elitista y endogámico que ellos representan.

Lo que se trasluce de este hecho es la ejemplificación del gran déficit democrático que sufre la Unión Europea. Dicha noción, desarrollada por Hix y Hoyland[2], conlleva cinco puntos de los cuales destacamos dos: 1) el que no haya elecciones directas ni al Consejo ni a la Comisión refleja que las decisiones tomadas carecen de una gran legitimidad democrática; 2) dada la complejidad del funcionamiento de las instituciones y su sensación de lejanía respecto de los ciudadanos se establece una sensación de policy drift por la que los ciudadanos no se sienten representados por las instituciones.

Con todo, vemos cómo en situaciones críticas el déficit democrático de la UE se hace cada vez más presente. Y más, cuando la fuerza de los acreedores es la que guía las decisiones de las instituciones. Si se cree que con menos democracia, negando referéndums y escudándose en el tecnicismo de las decisiones, se va a lograr que Grecia no salga del euro y una integración más profunda de los países, es que no se ha aprendido nada durante toda la crisis económica. Así, si los griegos salen del euro el daño a la idea de Europa será tan grande que ya no quedará un proyecto de unión de pueblos, sino una unión de buitres tecnócratas sin proyecto ni futuro para el mismo.

Por: Pau Sanchis

Bibliografía:

[1] Legrain, Philip. “Greece needs to start playing hardball with Germany”,Foreign Policy, 10 abril 2015.

[2] Hix, Simon; Hoyland, Bjorn, 2012 Sistema político de la Unión Europea. McGraw-Hill.

Autor/a

Fundador y editor de El Rincón de Pensar. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia tras estudiar un año en la universidad París 1 Panthéon-Sorbonne. Actualmente finaliza el grado de Ciencias Políticas con una estancia en la Universidad de Montréal. Es profesor del Grado en Filosofía Online de la UCV “San Vicente Mártir”.

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