martes, septiembre 25, 2018
Vertiente Crítica

TTIP: un tratado contra las clases populares

La politóloga Susan George empezó la conferencia en la Nau del pasado 13 de octubre con una aseveración más que clara: el TTIP es algo que no puede darse, no puede ser algo que esté en Europa. Es una de las cosas más perniciosas que se ha presentado en una mesa de negociación. Si llega a aprobarse supondrá un retroceso en materia de derechos laborales así como en ecosistemas que actualmente están protegidos ¿Realmente queremos llegar hasta estas consecuencias?

Enlace: http://www.anticapitalistes.net/spip.php?article4965

Imagen de Obama, Barroso y Van Rompuy

El Tratado Transatlántico de Libre Comercio (TTIP) es secreto, ha sido preparado durante 20 años a través del diálogo transatlántico entre grandes corporaciones y empresas. ¿Qué quieren? Instaurar un mundo ideal para sus empresas en el que los beneficios sean todavía más exponenciales y los intereses de los trabajadores y los consumidores se dejen definitivamente de lado. Veamos ahora, mediante tres razones brillantemente argumentadas por Susan George, porqué es necesario posicionarse en contra del TTIP.

El objetivo que persigue este tratado es algo así como una integración y armonización de la economía europea y la estadounidense para llevar a cabo intercambios comerciales, por lo que presupone una regulación uniforme que lo favorezca entre ambos países. De este modo, entraría de lleno la posibilidad de que los gobiernos aprueben normas que puedan beneficiar de manera directa a las empresas dejando de lado el interés de los ciudadanos. “Las pymes se beneficiarían”, afirman ahora los impulsores del Tratado; pero como aseveran distintas agrupaciones des pymes alemanas, si firman el contrato, las grandes empresas comprarían sus productos en el mercado norteamericano y dejarían de lado el alemán ya que podrían pagarles un salario más bajo.

https://www.flickr.com/photos/garryknight/15320780300

Tiburón TTIP

Una de las razones más claras para oponerse a dicho Tratado sería el duro impacto que supondría para el sector agrio-alimentario europeo. Como es bien sabido, este sector está ampliamente protegido en la Unión Europea. Pues bien, con el TTIP se llevaría a cabo una bajada de los aranceles para importar productos de grandes empresas estadounidenses que, teniendo menos derechos laborales y salarios más bajos, serían una feroz competencia para los pequeños y medianos agricultores europeos. Además, se intentará cambiar la regulación en el mercado de la producción agrícola, para quitar así cualquier barrera que genere más costes para las empresas y su producción. Por ejemplo, como señaló Susan George, en los Estados Unidos los alimentos genéticamente modificados se venden con total libertad sin que haya un estudio efectivo detrás del impacto que pueden tener para la salud de los consumidores. Asimismo, muchos de estos alimentos llevan pesticidas que la OMS afirmó que podrían contener productos cancerígenos. Sin embargo, la regulación de la Unión Europea es mucho más estricta, los productos están más controlados. Ejemplo de ello es que se han rechazado unos 1.200 de productos químicos por ser perjudiciales para la salud, mientras que en los Estados Unidos sólo 5 o 6.

A su vez, también cabe destacar que Europa cuenta con lo que se conoce como “indicaciones geográficas” sobre gastronomía y vinos, en aquellas marcas que llevan haciendo un producto muy bueno e internacionalmente reconocido. Lo que comúnmente se conoce como “denominación de origen”. Pues bien, los impulsores del Tratado quieren convertir productos tradicionales y con gran renombre, como la orxata de Valencia, el vino de la Rioja, el jamón de Jabugo, el queso o el Champagne francés… en genéricos. De modo que todos estos productos se puedan producir en cualquier sitio y seguir denominándose en los mismo términos para no perder gancho publicitario. Ahora bien, los agricultores, ganaderos y demás trabajadores europeos perderían cientos de miles de euros, ya que la exclusividad de su producto se vería truncada por una producción mucho más barata y deslocalizada.

Otro factor ha tener en cuenta para el rechazo de que el acuerdo llegue ratificarse es que, dado que el Tratado es de comercio e inversión posibilita a las empresas que tengan la capacidad de demandar a los gobiernos ante tribunales privados de arbitraje. Estas demandas las podrían llegar a hacer cuando entendieran que una normativa aplicada por un gobierno puede poner en riesgo sus beneficios o hacer que ganen menos dinero. De este modo, se podría utilizar el tribunal para deshacerse de regulaciones molestas que atenten contra los intereses del gran Capital. Y más si tenemos en cuenta el enorme coste que supone pagar las tasas judiciales y un equipo de abogados que pueda hacer frente a las demandas que lleven a cabo las empresas contra la regulación del país. Es por ello que, como es lógico, los gobiernos de países pequeños y más débiles en Europa, se verán coaccionados para no aprobar medidas que puedan molestar los intereses de las grandes empresas.

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Manifestación contra el TTIP

Los expuesto hasta aquí nos lleva a otro factor bastante nocivo, no sólo para Europa, sino para el mundo en general. Si este Tratado se aprueba muchas empresas tendrán carta blanca para buscar los recursos naturales que quieran sin tener en consideración el ecosistema. Empresas que no tienen el mínimo interés en la producción de energías renovables y sólo apuestan por combustibles fósiles altamente contaminantes.

Con todo, y para terminar, se hace palmario lo dañino que sería que el TTIP fuera aprobado para los intereses de los ciudadanos europeos y estadounidenses. Por ello, cabe cerrar este artículo parafraseando las palabras esperanzadoras que Susan George pronunció en su intervención cuando afirmó que el Tratado podemos derrotarlo; que los ciudadanos, tanto europeos como estadounidenses, hemos de derrotarlo e impedir que se apruebe.

Autor/a

Fundador y editor de El Rincón de Pensar. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Valencia tras estudiar un año en la universidad París 1 Panthéon-Sorbonne. Actualmente finaliza el grado de Ciencias Políticas con una estancia en la Universidad de Montréal. Es profesor del Grado en Filosofía Online de la UCV “San Vicente Mártir”.

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