jueves, mayo 24, 2018
Vertiente Crítica

Democracia representativa, la perfecta plutocracia

…a menudo el mejor gobierno conviértese en el más vicioso, si sus relaciones no se alteran de conformidad con los defectos del cuerpo político al cual pertenece. Jean-Jacques Rousseau, El Contrato Social, 1762.

Desde que despertó la conciencia de la lucha y salimos a la calle buscando un cambio, desde que las redes se convirtieron en un hervidero de ideas y propuestas, desde que aparecieron alternativas políticas, ¿cuánto hemos cambiado la situación? Hay quien dirá que mucho, gracias al avance de propuestas políticas afines a los movimientos sociales pero, quizás no sea insuficiente. Mientras no cambiemos el problema principal que atenaza las democracias auténticas, la sobre-representación, no cambiará nada. De poco servirá toda la lucha si no evolucionamos a una democracia participativa, o, al menos, complementamos nuestra democracia con participación real de tipo eventual.

Pasadas la elecciones municipales, el júbilo se ha extendido a la mayoría de la población española y no es para menos. Sin embargo, a escasos días de la victoria, un golpe venido de Europa viene a socavar las soberanías de todos los países de la Unión. Nos encontramos ante el avance progresivo del TTIP, un acuerdo comercial entre Estados Unidos y Europa que viene a someter cualquier constitución a los intereses de las grandes empresas, para alegría de los mercados a uno y otro lado del Atlántico. Hay múltiples artículos al respecto del TTIP, maravillosos vídeos como el que he dejado a continuación, que explican de forma sintética y eficaz que supone el tratado. Yo no voy a entrar en ese tema, sino en algo que me parece también grave. Se trata del mecanismo que permite que el TTIP y otras iniciativas puedan materializarse sin que los europeos podamos hacer nada, pues no hay que engañarse, si el TTIP no sale, al poco tiempo se impulsará otro tratado con diferentes siglas y, probablemente, con peores condiciones. Y otra vez nos tocará batallar, firmar campañas y ese largo etcétera que no garantiza que finalmente no se lleven a cabo tales latrocinios.

En mi opinión, el principal problema es que Europa es una plutocracia[1], no una democracia. Los que nos gobiernan en Europa no han sido votados para ostentar los cargos que ocupan, sino que nos gobiernan gracias una suerte de proporcionalidades a partir de los partidos con más poder en Europa, con un órgano de gobierno que se ha revelado como la verdadera fuerza de gobierno, la Troika, cuyo órgano está integrado por la Comisión Europea[2], el Banco Central Europeo y el FMI. Aún hoy alguien tendrá que explicar qué pinta el Banco Central Europeo en la cúspide del gobierno de la Unión, pero aún es peor el hecho de que esté el FMI, un fondo de inversión con intereses foráneos, que aplica políticas para beneficio de sus inversores, mayormente de potencias extranjeras, especialmente de los Estados Unidos.

Yo me siento europeo, tengo que decirlo, y como europeo me gustaría que hubiera elecciones y que se presentaran partidos europeos con programas claros. A mí me gustaría votar a partidos con políticas como las holandesas, griegas o finlandesas. Me gustaría votar a partidos con propuestas propias y no resultado de una suerte de pactos, o peor, al dictado de los mercados —que es lo que ocurre ahora—. ¿Por qué los europeos no podemos votar a partidos con programas específicos radicados en donde sea pero con soberanía en toda Europa? ¿Por qué los ciudadanos normales no podemos participar del gobierno europeo? ¿Por qué tenemos una constitución impuesta en un tratado cuando votamos que “no”? A mi entender, eso fue un Golpe de Blando.

Para mí, la democracia extendida a toda Europa es un paso adelante, y participativa ya que estamos, pero no la Unión Europea concebida como un mercado común para el gozo de los plutócratas.

Pero hay otra cuestión que me parece igualmente importante, que tiene que ver con nuestra casa España, esa gran España que no es ni una marca ni una masa laboral esclava, sino un pueblo con ganas de construir un país digno. Los ciudadanos no podemos legar más el gobierno a los políticos en su totalidad. ¿De qué sirve votar a un partido político si éste se viste de representatividad y no permite que las voluntades se puedan ejercer directamente por el pueblo cuando las circunstancias obliguen a ello? Debemos tomar las riendas y arbitrar sistemas democráticos participativos o, al menos, dotar a la democracia representativa de la participación necesaria para impedir los abusos de poder de aquellos que nos quieren salvar —los más peligrosos—. Podemos diseñar muchos tipos de democracia, no es un todo o nada, o participación o representación, puede ser una democracia que se componga de las dos cosas pero, para que esto funcione, la participación no puede ser anecdótica. Y siento decirlo pero, en estos momentos, no hay ningún partido con posibilidades a gobernar cuyo programa contemple la participación de un modo efectivo y real, ni siquiera Podemos. Lo más que se permite en las diferentes propuestas de gobierno es que las demandas del pueblo lleguen al Congreso para su trámite en mejores condiciones, pero finalmente será el Congreso quien decidirá si se aprueban como tal, si no se aprueban o si se aprueban con modificaciones —siento decirlo pero eso es lo mismo de siempre, no vinculante, o sea nada—. Se podrá considerar que la democracia tiene mecanismos participativos cuando los políticos entiendan que la soberanía popular está por encima de sus decisiones y se articulen los mecanismos necesarios para que la voluntad del pueblo se materialice sin más.

¿Y por qué digo todo esto? Porque de nada sirve que protestemos por largo tiempo sino le damos el poder al pueblo, sino hacemos que nuestras demandas se conviertan en ley cuando se cuente con el apoyo mayoritario. Eso es lo que significa la participación, lo demás son apaños para seguir gobernando en representatividad.

Una forma muy modesta de participación efectiva y suficiente es dotar de capacidad real a las Iniciativas Legislativas Populares, una herramienta que ya existe en nuestra Constitución pero con carácter anecdótico. Las famosas ILPs, como la de Ada Colau para reformar la ley hipotecaria en España. El problema es que este tipo de iniciativas solo tienen la capacidad de proponer, nada más, aunque vengan de una mayoría considerable del pueblo.

‘Votar al PP es votar contra la ILP’ – Plaça Catalunya de Barcelona.

¿Qué habría pasado si la propuesta de Ada hubiera desencadenada en un referéndum por el simple y suficiente hecho de conseguir casi un millón y medio de apoyos como logró? ¿Qué hubiera pasado si este referéndum se hubiera convocado sin que los políticos pudieran haber hecho nada en su contra? ¿Qué hubiera pasado si la mayoría hubiera votado que sí a la propuesta de la PAH y la iniciativa se hubiera convertido en ley, sin que nuevamente los políticos pudieran haber hecho nada al respecto? Pues lo que habría pasado es que en España habría mucha gente que habría conservado su casa y otra tanta no se habría suicidado.

Hay quien dice que esto nos puede llevar a una situación de ingobernabilidad, pero no es verdad. Para que una ILP pueda llegar a considerarse debe conseguir medio millón de firmas en seis meses, eso significa mucho trabajo y un gran apoyo del pueblo, de modo que la gobernabilidad está garantizada. Pero lo más importante, la mera existencia de un dispositivo que se puede activar ante cualquier abuso del poder, obliga a los políticos a gobernar para el pueblo, pues si se pasan pueden ver sus reformas rechazadas. Ahora yo pregunto, si dispusiéramos de esta herramienta, ¿habría sido posible la reforma educativa, la reforma laboral o de la constitución? Me temo que no. Al menos, si finalmente hubieran habido reformas, habrían estado consensuadas con el pueblo.

Hay que tomar el control democrático, pues los plutócratas se mueven muy bien en los sistemas representativos, ya sean democracias, dictaduras de izquierdas o de derechas. La representatividad total es enemiga del pueblo, aunque sea de los mejores, pues es aristocrática. De hecho, la palabra aristocracia proviene del griego, significando aristos “el mejor” y kratos “gobierno”, el gobierno de los mejores. Por tanto, el gobierno de los mejores, por definición, sitúa clases y castas, aunque sean muy bien avenidas, surgidas de la lucha en la calle. Y yo no digo que no se deba contar con los mejores —¡yo quiero que se cuente con los mejores!—, pero los mejores han de estar controlados por el ejercicio democrático de toda la ciudadanía, de toda ella. Los mejores pueden verse llevados a “salvarnos”, y los mejores pueden también ser los mejores para la plutocracia. Esto siempre le ha venido muy bien a los poderes, preocuparse de unos pocos “mejores”, esos pocos mejores que decidirán por toda una nación, mucho más fáciles de someter, controlar y extorsionar que a todo un pueblo. La democracia representativa es el yugo que los plutócratas han sabido poner a la soberanía popular, el culmen del autoritarismo actual, disfrazado de legalidad y democracia. Para resumir, la democracia representativa sirve a la plutocracia, la democracia participativa al pueblo.

Bibliografía y notas al pie

Rousseau, J-J. El contrato social, Libro 3, elaleph.com, 1999 p. 57. (Ver libro en PDF)

[1] Gobierno de los ricos.

[2] La Comisión Europea es el órgano ejecutivo y legislativo de la Unión Europea (sin separación de poderes -¡toma ya!-). Se encarga de proponer la legislación, la aplicación de las decisiones, la defensa de los tratados de la Unión y del día a día de la UE. La comisión está compuesta por un miembro representante de cada país y uno de ellos es el presidente de tal comisión, que es propuesto por el Consejo Europeo y votado por el Parlamento Europeo.

  • Fotografía de la ILP de la PAH albergada en Tercera información.
  • Ilustración “Democracia Representativa” realizada por Josep Sanmartín (Pequeño Dragón).

Autor/a

Fundador, editor, diseñador e ilustrador de El Rincón de Pensar. Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia, tras estudiar un año en la Solent University y un semestre en la ENAP-UNAM. Realizó un máster en Escritura de Guión Cinematográfico impartido por la FIA-UIMP, y un máster en Producción Artística de la Universidad Politécnica de Valencia. Actualmente es doctorando en Industrias de la Comunicación y la Cultura por la Universidad Politécnica de Valencia, y trabaja como investigador y responsable de comunicación en el Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano (México).

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