lunes, noviembre 20, 2017
Vertiente Crítica

La parábola del arcoíris

La parábola del arcoíris (2016), con prólogo de Victoria Cirlot, es una obra donde su autor, Isaac Gómez Calderón, nos presenta un templo, como él mismo expresa, sobre lo humano, lo divino y lo eterno. En sus versos encontramos un universo contenido en el detalle de un estambre que se hace uno con el cosmos, la soledad y la melancolía que es parte de la realidad humana, y que, paradójicamente, se comparte al trascender a una realidad más alta. La riqueza de su poesía se transmite a través de un simbolismo complejo, donde la belleza se transmite tanto por lo que expresa como por la sutileza de la palabra escrita. La parábola del arcoíris es una obra profunda que exige una lectura atenta, una obra de arte que satisface la curiosidad del lector que guste poco de lo obvio.

Josep Sanmartín

¿Será verdad que hay un nombre inscrito en el arcoíris? ¿Hay simpatía entre el alfabeto y los cuerpos celestes? ¿Existieron el lenguaje originario, el zigurat, la dispersión posterior?

Este libro empezó a escribirse cuando el espíritu de Rimbaud susurró el color -equivocado- de las vocales a un adolescente, redescubriéndole el secreto de la materialidad del signo. Tras contemplarlas, ya adulto, se encontró más cerca de Stockhausen (Stimmung) que del francés.

La forma de la colección se alimenta de los vestigios que aún se encuentran en nuestras palabras. En este sentido es una labor de arqueología, porque nuestro lenguaje está en ruinas y la poesía es un templo que ha de volver a levantarse.

Vitruvio menciona los vasos de bronce que, distribuidos matemáticamente, separados en grupos de intervalos de cuarta, quinta y doble octava, se disponían en los antiguos teatros para intensificar la voz de los actores. Si el escenario fuera el cielo y las voces la armonía de las esferas, hoy seríamos vasijas no del todo afinadas, ciegas. O, en sentido inverso, seríamos actores que no recuerdan la entonación con la que resuenan los planetas. Si la música es matemática sentida, el pensamiento cifrado del corazón, ¿cuándo la poesía, poesía? En palabras de David Rosenmann-Taub: Cuando ciencia.

Quizá las simientes de los lenguajes distintos engendren un día una flor única. ¿Supondrá esto un retorno al origen? Yo creo que lo que en tiempos remotos fue inconsciente, hoy se revela a la razón. Aquello que, no importa cuán hermoso, surgió compulsivamente, hoy ha de ejercerse en libertad. Cualquier revelación contemporánea de verdades antiguas es, bajo esta luz, una buena nueva.

Pero, en fin, este libro no es un tratado versado de correspondencias gnósticas, herméticas o pitagóricas ni una loa a la sinestesia, sino la relación de un hombre con el verbo -el corazón del sol-, su enterramiento y su resurrección. Una antigua leyenda: cuando uno de los custodios hebreos del nombre se permitía pronunciarlo, el templo se llenaba de mariposas. Cuando un hombre se dice “yo”, quizá encienda en sí la misma luz que, afuera, colorea las alas.

Isaac Gómez Calderón

Recolección

Celebra el día de la recolección,
los oráculos vuelven a cantar sus versos y la serpiente dice
mis labios ha dulcificado la paloma virgen del amanecer,
las vocales relumbran en el álamo de la vida,
celebra el día de la recolección.

Las palabras se posan en tus mimbres,
cubres con el cendal de la conciencia su desnudez
y tu conciencia luce en sus latidos,
en las alas calientes de su respiración.

Celebra el día de la recolección,
tus caricias encienden el fruto blanco del fuego
porque tus manos son azules como la soledad de las alondras,
y tu habla ha liberado a las flores de sus cadenas verdes.

Es por esto que hay cinco mariposas en tu voz
y en sus nombres resuena el color de los planetas,
por esto que el sol de la abundancia ha subido a tu boca
y la luna te ha cortado el corazón.

Celebra el día de la recolección,
ha entrado en tu sangre el vinagre luminoso de los azahares
y ha consumido el lento azogue de la tristeza,
la muria amarilla en la que lloran los caballos de la locura.

Te he elegido como a un ángel entre pájaros púrpuras,
te he elegido para que tomes las nubes de los árboles,
te he elegido a pesar de la suciedad de tu cintura,
a pesar de tus piernas llenas de ceniza.

A pesar de la cinérea lluvia de tu autocomplacencia,
a pesar de los pétalos negros de tu primera juventud,
porque me agrada la inocencia de tus ambiciones,
gácelas en un cenáculo de oro.

Celebra el día de la recolección,
la iridiscencia del árbol de mis labios
y la miel que mana de mis constelaciones,
la flor de la promesa que le hice a tus páramos,
celebra el día de la recolección.

(Calderón, 2016: 73-75)

Récolte 

Célèbre le jour de la récolte,
les oracles recommencent à chanter leurs vers et le serpent dit
la colombe vierge de l’aube a adouci mes lèvres,
les voyelles reluisent dans le peuplier de la vie,
célèbre le jour de la récolte.

Les mots se mettent sur tes osiers,
avec la soie de la conscience couvres leur nudité
et ta conscience brille dans leurs battements,
dans les ailes chaudes de leur respiration.

Célèbre le jour de la récolte,
tes caresses allument le fruit blanc du feu
parce que tes mains sont bleues comme la solitude des alouettes,
et ton parler a libéré les fleurs de leurs chaînes vertes.

C’est pour ça qu’il y a cinq papillons dans ta voix
et dans leurs noms résonne la couleur des planètes,
c’est pour ça que le soleil de l’abondance a monté à ta bouche
et la lune t’a coupé le coeur.

Célèbre le jour de la récolte,
est entré dans ton sang le vinaigre lumineux des fleurs d’oranger
et a consommé le lent mercure de la tristesse,
le jaune monceau dans lequel pleurent les chevaux de la folie.

Je t’ai choisi comme un ange parmi des oiseaux pourpres,
je t’ai choisi pour prendre les nuages des arbres,
je t’ai choisi malgré la saleté de ta taille,
malgré tes jambes pleines de cendre.

Malgré la pluie cendrée de ta complaisance,
malgré les pétales noirs de ta première jeunesse,
parce que j’aime l’ innocence de tes ambitions,
gazelles dans un cénacle d’or.

Célèbre le jour de la récolte,
l’iridescence de l’arbre de mes lèvres
et le miel qui jaillit de mes constellations,
la fleur de la promesse que j’ai faite à tes landes,
célèbre le jour de la récolte.

(Traducción de Marta Vilardaga)

Texto extraído de la Adenda al poemario

Dante se refiere en estos términos al lenguaje originario:

(…) decimos que una cierta forma de lenguaje fue creado por Dios junto con el alma primera (…) fuera esta forma lingüística la de todo hablante, si no hubiese sido fragmentada por culpa de la presunción humana (…) En esta lengua habló Adán; en esta lengua hablaron todos sus descendientes hasta la construcción de la Torre de Babel (…) esta es la lengua que fue heredada por los hijos de Eber, que son llamados Hebreos debido a ello. (Dante Alighieri, De Vulgari eloquentia, Libro primero, capítulo VI)

En la tradición judía, Eber declina colaborar en la construcción de la Torre de Babel y su lenguaje es, por tanto, preservado. John Dee, consejero de la Reina Isabel I, fue otro proponente del lenguaje adánico y consideró que las lenguas semíticas, y particularmente el hebreo, eran versiones degradadas del mismo. Eusebio de Cesárea comenta respecto a la particular estructura del hebreo que “cualquiera que analice las restantes letras del alfabeto hallaría que cada una ha sido nombrada por los hebreos con algún motivo y razón (…) Dicen también que la combinación de las siete vocales contiene la enunciación de cierto nombre prohibido, el cual los hebreos indican mediante cuatro letras y aplican al poder supremo de Dios, habiendo sido transmitido de padre a hijo que esto es algo impronunciable y prohibido a la multitud”. (Eusebio de Cesárea, Preparación evangélica, libro XI, capítulo VI)

El zigurat caldeobabilónico servía a la par de santuario y de observatorio estelar. Nabucodonosor II restauró un zigurat en la antigua Borsippa cuyo nombre era euriminanki, que se traduce como Hogar de los siete poderes del cielo y el inframundo. (En sumerio, kur significa a la par montaña e inframundo). Los recientes hallazgos de antiguos zigurats en Ur y Khorsabad confirman la secuencia cromática que anotó Heródoto al describir la ciudadela real de Ecbatana:

Las almenas del primer cerco son blancas, las del segundo negras, las del tercero rojas, las del cuarto azules y las del quinto amarillas, de suerte que todas ellas se ven resplandecer con estos diferentes colores; pero los dos últimos cercos muestran sus almenas el uno plateadas y el otro doradas. (Heródoto, Hist. 1.98, en la traducción de P. Bartolomé Pou, S. J.)

Así, los escalones del templo estarían efectivamente decorados con colores distintos que simbolizarían cada planeta. (Rawlinson menciona que los orientales aplican un tinte verdoso a la plata). A qué color corresponde cada planeta es asunto debatido. Al respecto, se recomienda consultar Ziggurats, Colors and Planets: Rawlinson Revisited, de Peter James and M.A. van der Sluijs, Journal of Cuneiform Studies 60: 57-74.

 

 

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Presentación del libro en LA CENTRAL

Martes, 26 de septiembre, 19h
C/ Mallorca (Barcelona)

 

 

 

 

 

 

 

 

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