lunes, noviembre 20, 2017
Vertiente Crítica

A punta de pistola

Josep Sanmartín Cava mayo 15, 2015 Opinión, Política 2 comentarios en A punta de pistola

Hoy me han apuntado con una pistola, una vieja y fea arma que no parecía gran cosa pero suficiente para dejarte un bonito agujero. Salía del banco, incauto, llevado por la ilusión de deshacerme de todas las deudas que me trajeron a México, con tres honorarios debidos, todos juntos en un fajo. No me fiaba del cajero ni de la gente que pudiera haber en el banco, pensaba que debía tomar un taxi rápido[1], pues es peligroso ir a un banco en México y retirar una gran cantidad de dinero. Parece ser que cajeros o supuestos clientes se compinchan con rateros a los que indican quienes son los mejores golpes, y hoy yo era uno de ellos.

Avenida Insurgentes, México DF.

Y así intentaba tomar un taxi por Insurgentes, una avenida desproporcionada para cualquier lugar del mundo menos para México, treinta kilómetros[2] de puro atasco que atraviesa todo el Distrito Federal. Sólo anduve unos metros y al doblar la esquina, mientras pasaba del asfalto a la acera tratando de parar un taxi, de repente, escondido entre dos coches, salto y me asaltó un joven que no dejaba de apuntarme con su pistola al pecho. Yo sólo había visto esto en las películas pero, a mi entender, no portaba la pistola como en el cine, no tenía el estilo de Clint Eastwood, sino que era toscamente real. Durante dos segundos no sabía qué pasaba y qué quería, al grito de —¡Quieto puto!— me olvidé de todo y sólo veía a un wey histérico con una pistola apuntándome al corazón, pasados unos segundos y al escuchar que le diera todo lo que llevaba, le di mis tres meses en honorarios guardados en un bolsillo, luchados para ser conseguidos, pero no bastantes para él. Me había tranquilizado relativamente pues creía comprender que la situación estaba premeditada, que no era espontánea, pensaba que se llevaría el dinero y ya está, así que cuando me preguntó si tenía más dinero, le dije que no porque realmente lo creía, ya que no me acordaba de mi cartera, pero rápidamente me refrescó la memoria cuando, apuntando a una pierna, me insistió en que le diera todo o me baleaba, y así lo hice al recobrar súbitamente la memoria. Sin embargo, para él todavía seguía sin ser suficiente y siguió amenazando con un disparo a cada demanda. Ante mi negativa y cierta duda que pude ver en sus ojos —maldita duda por cierto—, decidió no dispararme y registrarme; momento que aproveché para mirar su pistola, no fuera que me estuviera atracando con una de juguete —no sé por qué pensaría eso—, pero por desgracia era real y se notaba muy usada, demasiado, toda una alegría. Después de que encontrar mi Samsung y cerciorase de que no tenía nada más, me dejó ir, no sin antes despedirse con un tremendo culatazo. Simplemente lo miré al irme —joder, tenía una pistola—, y me golpeó con la culata en la cabeza, —¡No me mires puto, camina!— me dijo y así lo hice. Pero eso de caminar sin mirar hacia donde hay un tío con una pistola que no para de decirte que te va a pegar un tiro, no es cosa fácil, de hecho no pegué muchos pasos antes de girarme irracionalmente y ver que ya no estaba, ni él ni nadie más en toda la calle.

Homicidios – Novela periodística que llevaría a la fama a David Simon.

Después del asalto fui al Ministerio Público[3] a poner una denuncia, donde me trataron relativamente bien, y donde pude constatar cuales son las prioridades del gobierno. Si algo era evidente en aquellas oficinas era que desde luego no había una gran inversión, y no sé lo que cobrará un policía en México pero a juzgar por aquellas instalaciones, poco. En el Ministerio, mientras completaba muchos informes y repetía muchas preguntas, me acordaba de la novela Homicidio de David Simon, en donde los policías eran expertos sabuesos en encontrar contradicciones y donde todos eran sospechosos. Así que pensé que responder las mismas preguntas, una y otra vez, con diferentes agentes, era simple trabajo policial. Lástima que más tarde viera los primeros informes que eran el relato de un robo sin robo y sin atracador. En cualquier caso, en cierto momento se me tomó en serio y todo se volvió mucho mas exhaustivo y se relató la denuncia tal y como debía ser; y el agente en cuestión se mostró muy interesado en todo detalle, lo que me hizo sentir bastante bien.

Así estaba yo, reconfortándome en David Simon, como si formara parte de una de sus historias, pensando que definitivamente debería realizarse un The Wire mexicano, infeliz de mí. Me acuerdo también que durante las largas horas que pasé en el Ministerio, la cabeza me empezó a doler enormemente, sólo tenía un chichón, nada de sangre, pero era un chichón alargado, con forma de culata, que junto al estrés no resultaba demasiado agradable. También en ese momento pensé que no hacía mucho había visto una película en la que un tío dejaba inconsciente a otro del típico culatazo, me acuerdo que cuando lo vi pensé en lo que debía de doler que te pegaran de esa manera. No me gusta pensar en muchas cosas así pues siempre creo que cuando piensas en algo negativo, va y sucede; como si piensas: nunca me he roto nada o hace tiempo que no me pongo enfermo, o nunca me han puesto los cuernos… o nunca me han atracado a punta de pistola. Por alguna razón creo que cuando piensas en estas cosas, suceden. Supongo que lo sucedido no ayudará mucho a mejorar esta neurosis.

La verdad es que después de una experiencia así no te apetece más que ir a casa y vivir las emociones tras una pantalla. Y no es que la vida esté carente de emociones últimamente: tres años en crisis intentado resurgir, emigrado a México para tal menester, tres meses sin cobrar, deudas acumuladas que te avergüenzan cada día, constatar que los bancos no sólo te roban por pasiva sino que también por activa. Mientras estaba en las oficinas del Ministerio Público tuve mucho tiempo para pensar y me acordé de una conversación que había tenido hacía ya algún tiempo, en las que dos jóvenes mexicanas me intentaban explicar que el Estado del Bienestar europeo nunca existió, que lo que vivíamos ahora era lo que tocaba. En fin, no es momento en este artículo para analizar lo temerario de esta afirmación y el poder que tienen los medios para generar opinión, sobre todo si es sobre terceros. Sólo diré que es sorprendente lo críticos que podemos ser con los medios cuando hablan sobre nuestro propio país pero lo fácilmente que creemos lo que nos dicen sobre países terceros, sin cuestionarnos las razones de tales afirmaciones.

Lo bien cierto es que en las oficinas del MP[4] no puede dejar de pensar que en el Estado del Bienestar es muy difícil que te pueda suceder algo así, pero que, con las reformas que nos están imponiendo, cosas así puede llegar a suceder y mucho. No quiero meterme mucho con México porque pueden extraditarme por una ley que impide que los extranjeros critiquemos al país, solo diré que si esto es lo que nos espera, si este es el paraíso neoliberal, más vale que empecemos a replantearnos la crisis del Estado del Bienestar. Cierto que si eres rico, mejor país que México no hay, Estados Unidos o la España actual —ahí radica el problema—.

La economía no es sólo una cuestión de acumular capital, también es una cuestión de salud social. En mi opinión, la economía no puede tratarse simplemente de la prima de riesgo y los intereses internacionales de accionistas y brokers, la economía debe ser una cuestión vital, no el clembuterol de una sociedad aparentemente sana y fuerte pero envenenada hasta la médula, la economía deber ser una razón de vida. Europa corre un grave peligro y no sólo porque la asole la miseria, sino porque la miseria trae consigo la supervivencia, y la supervivencia se vale de todo incluida la delincuencia. En esta pesadilla capitalista, cabe replantearse qué tiene más valor, si el dinero o la vida misma. Yo lo tengo claro, y no siento tanto odio por el joven que me atracó como por el sistema global actual que ha puesto en recesión todos los Derechos Humanos. Eso es lo que me hace enfurecer, un sistema que se demuestra germen de la corrupción y la delincuencia. Además, me siento estúpido: estúpido por seguir las reglas y porque se siga creyendo que los problemas nos los van a resolver otros, estúpido porque todavía sigamos legando todo ese poder a líderes carismáticos, como el esclavo que se siente feliz porque cambien al sujeto que porta el látigo, mientras sigue empujando el remo al que sigue encadenado. Me siento mucho más que indignado tras tres meses trabajando sin cobrar, años de estudios y trabajos cualificados, por tener que emigrar y que luego alguien en cinco minutos te lo pueda arrebatar todo, incluso la vida. Temo al joven que me asaltó, no puedo negarlo, pero temo más a esta sociedad que se está dejando dominar por el Dios capital y su curia financiera. Creo que debemos sacar a los mercaderes del templo a gorrazos, de ese templo que debe ser nuestra vida. Debemos participar totalmente de la política expulsando a los que se imponen como nuestros representantes, a sueldo de los mercaderes: corruptores y verdaderos criminales.

[1] Mi estrategia tampoco era buena, salir y tomar un taxi puede ser incluso peor. Si esto te pasa en México, lo mejor es ingresar el cheque en una cuenta aunque te cobren comisión.

[2] Según otros datos, si se considera todo lo urbanizado a uno y a otro extremo de la avenida, una vez dejado el Distrito Federal y continuado por el Estado de México por el norte y por el sur, se podría hablar de más de 50 kilómetros.

[3] Ministerio Público (MP), oficinas del gobierno para el trámite de denuncias sobre delitos en agravio que sean perseguibles por la parte ofendida.

[4] Ministerio Público.

  • Fotografía de Insurgentes realizada por Sftrajan y albergada en Skyscraper Society.
  • Imagen de la pintada realizada en Lübeck albergada en wikimedia.

Autor/a

Fundador, editor, diseñador e ilustrador de El Rincón de Pensar. Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia, tras estudiar un año en la Solent University y un semestre en la ENAP-UNAM. Realizó un máster en Escritura de Guión Cinematográfico impartido por la FIA-UIMP, y un máster en Producción Artística de la Universidad Politécnica de Valencia. Actualmente es doctorando en Industrias de la Comunicación y la Cultura por la Universidad Politécnica de Valencia, y trabaja como investigador y responsable de comunicación en el Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano (México).

2 Comments

  1. Fidel Ernesto mayo 18, 2015 at 12:05 pm

    Josep, en primer lugar me dejas atónito con lo ocurrido y en segundo lugar impresionado por cómo has logrado revertir y reconducir esa situación, de ningún modo agradable, a la senda de la contestación, de la lucha, de la protesta, la crítica y por el cambio. Que sea leve y gracias por este texto.

    • Josep Sanmartín Cava mayo 22, 2015 at 4:33 am

      Muchas gracias por tu palabras, al menos reconforta saber que la experiencia puede servir de algo.

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