martes, abril 24, 2018
Vertiente Crítica

Juliano el Apóstata y el universo de Canción de Hielo y Fuego

Juliano el Apóstata y el universo discursivo de Canción de hielo y fuego como una oda al politeísmo.

Juliano el Apóstata fue un regalo de Micharmut —gracias Kike—, quien, conocedor de mi idiosincrasia, pensó que me gustaría. Acertó de pleno.

Yo no sabía absolutamente nada del tal Juliano, Kike tampoco me adelantó mucho, tan sólo me lo situó históricamente: siglo IV de nuestra era. Por lo que, nada más empezar, en la breve nota que Gore antepone a la novela, me molestó un poco el hecho de encontrar la frase:

La vida del emperador Juliano se halla muy bien documentada.

Vidal, G. (2004) Juliano el Apóstata. EEUU: Pocket Edhasa. Obra original publicada en 1962 (EEUU).

Enseguida pensé: «emperador, vaya spoiler me ha hecho». Y no andaba yo desencaminado, pues la novela está dividida en tres partes: Juventud, César, Augusto; y resulta que Juliano se pasa la Juventud sin saber cuál va a ser su destino. Mayormente tiene tres posibilidades: gobernar con cetro, filosofar con barba, morir con antelación. Conque desvelar premeditadamente que Juliano fue emperador resta intriga, y mucha, a la primera parte de la narración. No obstante, he de admitir que éste no es un libro cualquiera. La mayoría de personas no serán como yo y sabrán del estatus de Juliano dentro de la historia universal. Ante lo cual no me queda más que reconocer el gran mérito de Gore por preocuparse de mantener la intriga en su hilo argumental, mostrándonos poco a poco que la cuestión importante no fue que Juliano alcanzara el cargo, sino cómo y gracias a quién. De hecho, Gore inicia la Juventud de Juliano cuando éste ya está muerto, allá por el año 380 de nuestra era. La clave durante la Juventud es que Juliano, por sí mismo, no podía hacer nada, se hallaba inmerso en un entramado familiar que le impedía ser dueño de su destino.

Empero, la nota en su conjunto me resultó interesante, especialmente cuando dice:

Sin embargo, independientemente de la singular aventura que representa la vida de Juliano, es el mismo siglo IV el que mantiene su fascinación. Durante los cincuenta años transcurridos entre el ascenso al trono de Constantino el Grande, tío de Juliano, y la muerte de éste, a la edad de treinta y dos años, se estableció la cristiandad. Para bien o para mal, en la actualidad somos en gran medida la consecuencia de lo que ellos fueron entonces.

Estas frases me hicieron intuir que me gustaría el enfoque. Y así fue. Gore inicia la narración con las letras que Libanio le envía a Prisco. Luego me enteré de que Libanio y Prisco fueron dos filósofos que conocieron a Juliano, y que lo admiraron: el primero porque quiso restablecer el culto a los antiguos dioses, el segundo porque su postura politeísta implicaría una tolerancia religiosa no compartida por la cristiandad. Pero ahora, el asunto es que la obra no está narrada exclusivamente desde el punto de vista de Juliano, sino que incluye el de estos dos personajes, lo cual me gustó.

Y de pronto, un par de mis neuronas rielaron para alumbrar a un grupo homónimo que consiguió que me preguntara: «¿un libro narrado desde distintos puntos de vista que versa sobre los antiguos dioses?»

La saga de George R. R. Martin emergió a mi teatro mental, y ya no desapareció hasta el final. De ahí el título de esta entrada.

Cuando leí los cinco tomos de Canción de hielo y fuego publicados hasta la fecha, asumí que Martin conoce un buen tocho de la historia de la humanidad, sus mitos y religiones, sus guerras y batallas. Imaginé que Martin había estado recopilando testimonios, historias y leyendas de multitud de épocas a lo largo y ancho de las múltiples literaturas. Luego, les había procurado otra disposición… de modo que había creado un mundo mágico procedente de la historia. O mejor dicho, había hecho emerger un mundo mágico del fondo de la historia. Igual que los Reed, y demás lacustres, pueden hacer aparecer y desaparecer sus castillos en sus pantanos.

Martin, G.R.R. (2012) Canción de hielo y fuego. Barcelona: Ediciones Gigamesh.

Pero no pretendo argumentar que todo lo que está en Canción de hielo y fuego está en la historia. Y mucho menos que la mayor parte haya florecido gracias a Juliano el Apóstata. Porque no lo pienso. Además, debo máxima admiración a Martin. Mucho mérito de su obra la atribuyo a su estilo. Adictivo al cien por cien. Rico, procaz, intrigante, sorprendente. Y su estilo no puede ser únicamente producto de conocer la historia y el Juliano de Gore. También vive en este mundo, rodeado de congéneres contemporáneos. Las psicologías de sus personajes son verosímiles y factibles, constantemente sujetos a sus pasiones e intereses, delimitados por la infancia. Personajes alejados de la idealidad, ni blancos ni negros. Aparta su narración de la vida idílica y se acerca a los pensadores que dieron importancia a los afectos y los sentimientos humanos, y no a esa tendencia metafísica que tan pronto se convirtió en un engaño. Es evidente, y reconocido por el propio Martin, que el personaje de Meñique es maquiavélico. En general, se podría decir que la saga es mucho más visceral que otra cosa, y podría etiquetarse como maquiavélica, bruniana, spinoziana y humeana, incluso nietzschiana y darwiniana. Poco o nada platónica. Muy basada en la supervivencia innata, vital, natural. Ahora pienso que también es una obra goriana. Así que de la magia martiniana y su universo politeísta me ocuparé más adelante, primero toca Gore.

He de empezar confesando que, inmerso en la vida del emperador romano, llegué a pensar que la vinculación de la Canción de Hielo y Fuego de Martin con el Juliano de Vidal rozaba lo inverosímil. Llegué a postular que era imposible que Martin no se hubiese leído la novela de Gore Vidal y la hubiese convertido en uno de sus puntos de partida. No obstante, sería superfluo y fatuo hablar de plagio… plagio no, sencillamente, algunos personajes experimentan Momentos Análogos.

Por eso quiero ocupar unos párrafos virtuales exponiendo un manojo de ejemplos de estos momentos análogos que hallé mientras devoraba Juliano el Apóstata [la paginación indicada corresponderá a la de editorial Edhasa, 2004.].

No obstante, antes de exponerlos he de avisar: mientras devoraba la obra de Gore fui relacionando a la familia romana de los Flavios, a la que perteneció Juliano, con la familia Targaryen. Las vinculé mediante aires de familia wittgensteinianas. Muchos detalles olían a Targaryen… pero también he de reconocer que esto no es nuevo. No soy el único que piensa que Martin se inspiró mayormente en el imperio romano para crear su Feudo Franco de Valyria.

Tras el aviso y el reconocimiento, citaré el detalle que considero más evidente. Sito en la página 463, cuando Juliano encuentra una obra pictórica de su tío Constantino retratado con sus tres hijos, y explica:

a sus pies, un dragón, con un venablo en un costado, se hundía en una fosa: los verdaderos dioses muertos.

Y es que fueron los propios Targaryen, con sus decisiones políticas en los Siete Reinos, como la de encerrar a sus dragones en fosas, quienes propiciaron el declive de estos animalejos mitológicos. Lo que conllevó el suyo propio.

Otro dato romano que exhuma vapor Targaryen es el mes de Targelión, que correspondía a los meses de mayo-junio, cuando se renueva el verano: el fuego. Si bien, la historia de la humanidad es vasta, en ella también se halla Targelia, una fémina de la antigua Jonia que convivió con el mismísimo Pericles. Entonces, ¿de dónde sacó Martin a los Targaryen, de los Flavios o de la antigüedad en general? Pues no sé, pero menuda cabeza debe tener Martin para entrelazar tantas historias, porque no hay que olvidar que se inspiró en la guerra de las dos rosas, en la que destacaron la familia de los York (Stark) y la de los Lancaster (Lannister), ambas ramas provenientes de la casa real de Plantagenet (o Targaryenet).

El caso es que, adoptando esta premisa subjetiva (Flavios similares a Targaryen), fui conjeturando que los personajes de Martin que experimentaban momentos análogos a los hallados en Juliano tenían sangre Targaryen.

He aquí, ahora sí, ejemplos de estos momentos análogos.

En las páginas 366-367, siendo ya César, cuenta Juliano:

Como ocurre a menudo cuando tengo algo concreto en la cabeza, primero soñé con la batalla. Luego la batalla se desvaneció, como ocurre en los sueños, y me encontré en un gran salón en cuyo centro crecía un alto árbol; en ese momento parecía perfectamente natural. Pero después el árbol cayó al suelo, y noté que entre sus raíces crecía un árbol pequeño, y que éste no había sido desarraigado por la caída de su padre. «El árbol está muerto —dije— y ahora el pequeño también morirá.» Me sentí invadido por una pena extraordinaria. De pronto tuve conciencia de que a mi lado se encontraba un hombre. Me tomó del brazo. Aunque no pude distinguir su rostro, no me parecía extraño. «No desesperéis.» Señaló con el dedo. «¿Veis? La raíz del árbol pequeño está en la tierra. Mientras permanezca allí, aún crecerá con mayor seguridad que antes.»
Así terminó el sueño, y supe que había hablado con mi protector, Hermes.
Cuando le conté el sueño a Oribaso, interpretó su significado como que Constancio caería mientras yo florecería, mis raíces en el que Todo Lo Ve. Es innecesario decir que mantuvimos este sueño en secreto. Los hombres suelen ser ejecutados por sueños inocentes y el mío difícilmente podía considerarse inocente. Era una profecía.

Al principio me acordé de Jaime soñando que estaba con Brienne al tiempo que escuchaba la sentencia de su hermana. 

Las llamas arderán mientras vivas —oyó decir a Cersei—. Cuando mueran, tú también morirás…

Luego de Jojen y toda la trama de los sueños verdes.

Por último, de Brynden, el que Todo Lo Ve, precisamente, por estar enraizado en los arcianos. Además, nadie podía saber que Bran estaba con él, era secreto —pero, entonces, ¿Bran será un Targaryen que enraizará en los mismos arcianos que Brynden y crecerá con mayor seguridad que antes? No, no puede ser. De momento, la serie ya lo ha sacado de allí, por lo que difícilmente será Targaryen—.

En la página 378, Juliano se encuentra cercado en el palacio de París por sus propias tropas. Son soldados galos a los que prometió no luchar lejos de su provincia, pero también soldados que prestaron juramento ante Constancio, el Augusto, y éste, a la sazón, los reclama para luchar contra los persas. Rebelión, motín. Entonces, topé con el siguiente diálogo narrado por Juliano:

—¡Atacadlos! —dijo Decencio—. Mostradles la imagen del emperador. No se atreverán a desafiarlo.
—Tenemos cuatro mil hombres en el palacio —dije—. Allí afuera hay alrededor de veinte mil hombres. Incluso un soldado sin ninguna experiencia como yo se retira ante tal diferencia…

Y me vino a la cabeza Daenerys, en la situación opuesta a Juliano. Esto es, con más soldados que el enemigo, cuando parlamenta con los mercenarios contratados por Yunkai, y diciéndoles aquello de:

Solo soy una niña que no comprende el arte de la guerra…

Entonces, ¿Martin se basó en Juliano para el personaje de Daenerys?.

No sé. Si bien es cierto que Juliano se crió durante gran parte de su Juventud con su hermano Galo, el típico loco (muy similar al engreído Viserys y tan longevo como él). Fueron Daenerys y Juliano quienes finalmente quedaron como representantes de sus dinastías. Pero al meditar sobre cómo se había criado Juliano, rememoré la escena en que el diácono Ecio de Antioquía le sugería, a expensas de su hermano Galo, César de la ciudad, abandonar la compañía de Máximo, un mago no cristiano. Por la página 151, Ecio le advierte cuando se despiden:

Tened mucho cuidado, nobilísimo Juliano. Y recordad: un príncipe no tiene amigos. Nunca.

Unas cuantas líneas más abajo Juliano reflexiona acerca del tema:

Después de todo, yo tampoco quiero a los demás por sí mismos, sino sólo por lo que pueden enseñarme. Todo tiene su precio.

El asunto de la educación propició que en mi cabeza emergiera el otro Targaryen: el príncipe Aegon, el tapado de Illyrio y Varys. Quien aparece en Danza de Dragones, Tyrion mediante. Tanto Daenerys como él se educan sin el respaldo de su familia, de modo similar a Juliano, cuyo padre fue asesinado por orden de su primo Constancio.

Cavilando sobre esto vinieron a mi cabeza los Jardines del Agua, en Dorne. Sin duda, lo que más me impactó de todo lo leído en la saga en cuanto a educación.

Los herederos de las dinastías gobernantes se educan solos, sin verdaderos amigos, así las familias fomentan los lazos tribales. Como máximo, se relacionan con algún otro noble de alguna casa emparentada de alguna manera con la suya. Alguna familia hace alguna excepción de vez en cuando, pero la dinámica más frecuente es que la descendencia noble se cría apartada del vulgo, para no consolidar la empatía con gente de menos ralea… para no querer a los demás por sí mismos, sino sólo para disponer de ellos como súbditos.

En los Jardines del Agua sucede todo lo contrario, los niños crecen allí en igualdad, como compañeros, como amigos. Pero Juliano no creció en los Jardines del Agua, no. Daenerys y Aegon tampoco. ¿Y Tyrion? Tampoco tuvo muchos amigos. Por cierto, encontré una diminuta analogía entre Juliano y Tyrion mucho más adelante, en la página 586; cuando, siendo ya Augusto, recibe críticas por sus medidas comerciales y por su trato con el Senado. Lo que más ira le provoca es una diatriba en la que se le califica de “mono, enano”. Recordé que Tyrion, un enano, es llamado “mono” por la plebe cuando es mano en Desembarco del Rey. A la mayoría esto le parecerá una nimia tontería, pero para mí fue la confirmación de lo que ya sabía: «Tyrion tiene sangre Targaryen».

En la página 385, el espíritu del guardián del estado dirigiéndose a Juliano rememora a Brynden haciendo lo propio con Bran:

Os he observado durante mucho tiempo, Juliano. Y durante mucho tiempo he deseado que ocupaseis un lugar más alto del que ocupáis ahora. Pero, cada vez que lo he intentado, he sido desairado. Ahora quiero preveniros. Si nuevamente me rechazáis, cuando tantas voces humanas proclaman su acuerdo conmigo, os dejaré donde estáis. Pero recordad esto: si me voy ahora, no volveré nunca más.

De hecho, la frase inicial es prácticamente idéntica a la que Brynden le brinda a Bran la primera vez que se encuentran cara a cara. Martin escribió en Danza de Dragones, Bran (2):

Te he observado durante mucho tiempo…

Y el resto del párrafo que he transcrito me recordó al capítulo Bran (3) de Juego de Tronos, cuando el Cuervo de Tres Ojos saluda por primera vez a Bran, mientras éste sueña que cae desde las alturas y puede divisarlo todo con diáfana nitidez. Es la última oportunidad que le queda al Huargo Alado para despertar tras la caída.

En la página 395, Prisco narra que Juliano leyó ante miles de parisinos la carta que le había enviado Constancio, el Augusto, concluyendo la escena de la siguiente manera:

Cuando llegó a la parte en que se le ordenaba mantenerse dentro de su jerarquía como César, la multitud volvió a gritar, como si lo hubiese ensayado: «¡Augusto! ¡Juliano Augusto!»

Por supuesto, enseguida me acordé de Jon leyendo la carta de Ramsay ante sus hermanos de la Guardia de la Noche. «Jon es Targaryen» —me dije—. Cobra fuerza la teoría de Rhaegar+Lyanna=Jon: «prométemelo Ned, prométemelo.»

Obviamente, cuando leí Juliano, la serie televisiva no había alcanzado la 6ª temporada.

En la página 602, encontré una frase que me extrajo del siglo IV de nuestra era y me transportó al Universo martiniano:

Juliano, en una maniobra sorpresa, volvió sobre sus pasos.

«¡Igual que Bran retornando a Invernalia para esconderse en las criptas!» —exclamé internamente—. Entonces, ¿Juliano sí que sirvió de modelo para Bran? —¿Pero esto qué es?—

¿Qué ha hecho Martin con los Flavios? No sé. Todo indica que Bran es un Stark, como su padre. Empero, al hilo de mi premisa subjetiva, y tras el ejemplo de las raíces en el que Todo Lo Ve, surge la duda razonable de si Bran tendrá también sangre Targaryen. Lo cierto es que poco se sabe de las esposas de los Stark. ¿Quién puede afirmar categóricamente que, como casa principal, los Targaryen no casaron en algún momento del pasado a alguna de sus hermanas con los nobles norteños? ¿Sería la vieja Tata? No lo sé, pero su cuerpo no apareció cuando Invernalia quedó abrasada. Siendo Targaryen, le resultaría fácil esconderse durante el incendio.

En la página 610 Prisco le explica a Libanio:

supongo que tanto Póstuma como Graciano son conscientes por primera vez del gran hombre que era Juliano. Ellos viven en Galia, y para los galos después de Augusto el único emperador que existe es Juliano. Todos los que vienen de allí dicen que todavía se habla de él con temor y con afecto, que los hombres del pueblo no creen que realmente haya muerto, sino que duerme debajo de una montaña, protegido por el dragón de su familia, y que si Occidente alguna vez se encontrase en peligro, Juliano despertaría e iría a defender el Rin. Será necesario mucho tiempo para destruir esta leyenda en Europa.

Brynden Ríos tiene sangre Targaryen, la sangre del dragón, y duerme debajo de una montaña, y es una leyenda de la que todavía habla la gente, porque se hicieron canciones sobre él: en Festín de cuervos, Samwell (2), Dareon afirma que conoce una canción sobre él que se titula «Mil ojos, y uno más».

En las páginas 665 y 666 descubro que Hormisda quiere dar muerte por el fuego a un hombre que ha roto el juramento que tenía apalabrado en privado con él, alegando que como gran rey persa tiene el deber de hacerlo. Juliano consiente, pero añade:

Me retiré antes de que prendiesen el fuego. Me disgustan todas las ejecuciones que no son a espada.

En mi intelecto emergió Eddard Stark y, al punto, Jon. «Jon es un Targaryen que por educación prefiere la limpia muerte por acero». No obstante, el apuñalamiento masivo que sufre Jon por parte de sus hermanos de la Guardia de la Noche tiene un gran parecido con el padecido por Julio César a manos de sus “colegas romanos”, y César no era un Flavio, sino un ínclito varón de la casa Julia, de ahí su nombre.

Hasta aquí he tratado de mostrar que Juliano pudo servir de base para sucesos de distintos personajes relevantes. La historia narrada por Gore Vidal contiene demasiados puntos de partida para el Universo de Canción de Hielo y Fuego. Quizá con la relectura se encuentren algunos más.

Ahora, un último ejemplo con un matiz diferente, pues no tiene que ver con un personaje, sino con una trama.

Página 335, pasaje narrado por Prisco:

mientras cabalgábamos fuera de los muros de un pueblo galo vi un cementerio donde algunas tumbas estaban cubiertas con redes de pesca. Pregunté qué significaba eso a uno de los soldados nativos. «Es para evitar que los fantasmas de las madres que mueren en el parto capturen a sus hijos.» En esa parte del mundo se encuentra una gran cantidad de interesantes leyendas y espero que algún Heródoto moderno las registre antes de que el pueblo sea romanizado hasta el punto de que se olviden las antiguas costumbres.

El ambiente descrito tiene un aire familiar al Universo de Martin: leyendas antiguas, olvidadas, que pueden recobrar su significado; pero esto es demasiado típico. Sin embargo, el detalle de las redes en la tumbas es una auténtica joya informativa de la que el genio de Martin podría haber extraído la madeja de la que tirar para desarrollar una trama en la que fuera decisivo que existieran unos personajes cuyas madres hubieran muerto en el parto, y por esto hubieran pasado parte de su vida sintiéndose asesinos de sus madres, porque algunos familiares se habrían encargado de recordárselo continuamente. He aquí la maldición maternal. Tyrion y Daenerys… y Jon. Aunque a Jon no le han llamado asesino, sino bastardo, algo muy común en este Universo de dinastías martinianas. En la variedad está el gusto.

Variedad.

Personajes variados, ¡con creencias variadas sobre los variados dioses!

El contexto de los dioses antiguos resuena en toda la obra de Gore. Pero, ¿y en la de Martin? ¿no resuena igual?

¿Por qué insiste tanto Martin con el asunto de los dioses? ¿Qué nos querrá dar a entender con su Universo de discurso?, ¿que estamos todos paranoicos, neuróticos, locos?, ¿que la humanidad no sería lo que es sin el vínculo divino y su adlátere conceptual llamado escepticismo?

No sé. Aun así, al concluir Juliano, me dio por meditar sobre el asunto, de ahí la segunda parte del título de la entrada: una oda al politeísmo.

Pero antes de ahondar completamente en las profundidades de mi mentecata cabeza, debo aclarar mi postura básica en cuanto a los dioses: no los percibo, no interactúo con ellos, por tanto, no me importan, no me incumben. Punto final.

Una variante de mi postura la encontré en la presente obra de Gore, página 135, cuando Máximo le dice al nobilísimo Juliano:

los dioses a los que rendimos culto nunca fueron hombres; más bien son cualidades o poderes hechos poesía para que los conozcamos.

Es una variante elegante y absolutamente literaria, pero me tocó la fibra… entre un lector (como yo) y un personaje literario (como Máximo) suelen mediar diferencias abismales y, pese a ello, a veces son tremendamente afines.

Sin embargo, tal y como muestra esta obra y otras muchas más, así como la sempiterna actualidad religiosa, la mayoría de personas no son como yo. Las civilizaciones no han publicitado en demasía la concepción poética, sino que han sido prolijas en lo referente a dilucidar y determinar las características de los dioses, lo que ha tenido como consecuencia que configuraran el mundo en torno a ellos.

En el libro de Gore Vidal la clave principal es que Juliano pretende restaurar el helenismo, el culto a los antiguos y verdaderos dioses, como si fuera un norteño del linaje de los primeros hombres que decidiera relegar a los septones y a los sacerdotes rojos de los Siete Reinos a un segundo plano. El plan del Augusto y nobilísimo Juliano es reductible a los dos ámbitos básicos: el público y el privado.

En el plano público su postura queda evidenciada en el siguiente párrafo de la página 489:

El 4 de febrero del año 362 declaré la libertad religiosa para todo el mundo. Todo hombre podía rendir culto a cualquier dios en la forma que prefiriese. El culto de los galileos había dejado de ser la religión del estado, tampoco sus sacerdotes estaban exentos ya de pagar los impuestos y las cargas municipales de costumbre.

En el ámbito privado, su inclinación se capta meridianamente en las páginas 491-492:

A fines de febrero supe, en gran medida accidentalmente, que Vecio Agorio Pretextato y su esposa se encontraban en la ciudad. Es el dirigente del partido helenista de Roma, y su esposa, Aconia Paulina, ha sido admitida en todos los misterios accesibles a las mujeres y también ha sido sacerdotisa superior de Hécate. Estaba ansioso por conocerlos.

Juliano quiere fomentar el helenismo, el culto a los verdaderos dioses, a los antiguos dioses homéricos, los que propiciaron la edad de oro de la cultura mediterránea, la más esplendorosa, la más legendaria y fecunda. Ésa es su aspiración. No obstante, Juliano convivía con sus dioses por medio de presagios y sacrificios, no interactuaba con ellos directamente, por esto, en cierto modo, me recordó a Ned Stark, ansioso en el bosque de dioses de Invernalia, deseoso de escuchar los susurros de los arcianos, sus antiguos dioses. Sin embargo, en algunos momentos de poder, Juliano tiene un aire de familia con Melisandre, deseoso de servir a los dioses con sacrificios consumidos por el fuego, aunque, como he dicho, Juliano no gusta de incinerar personas. Y ya puestos a relacionar, diré que quizá, solo quizá, la pretensión de Juliano se convierta en el destino de Bran, el zagal Cuervo de Tres Ojos mostrará al mundo el poder de los antiguos dioses. ¿Cómo?, ¿cuál será el límite de Bran? No sé, solo Martin lo sabe, pero Gore escribió en la página 134:

O para citar el famoso oráculo órfico del que los galileos tratan de apropiarse para su propio provecho, Zeus, Hades, Helios, tres dioses en la cabeza de un Dios,

Si alguien podrá meterse en la piel de los tres dragones, ese será Bran.

En la saga de Martin, por contra, lo que el lector va conociendo son distintos y variados seres mágicos, como los arcianos, los dragones y los Otros, que son considerados deidades por algunas personas. Obviamente, la diferencia entre una obra y otra es abismal, la de Gore trata de ser histórica en elevado grado mientras que la de Martin es pura ciencia ficción, fantasía.

Aun así, insisto, el libro de Juliano me hizo ver analogías con la saga de Martin por todos los lados. Gore Vidal transcribe diálogos increíbles, que dan paso a escenas absorbentes, cuasi mágicas, siempre acompañadas por el hado de la tragedia, marcadas por el destino griego que ya tejieron las Parcas, determinadas por ese frío desolador que llega y se lleva todo lo que pilla. No hay distinciones. El frío son los otros de Martin. La Muerte. La Tragedia. Hades, dios de los muertos, sacando a pasear sus hordas. Lo Inevitable. Pero no como algo de otro mundo, sino como algo que está ahí, conviviendo con el resto. Los Otros son el destino al que puede verse abocada toda la humanidad. Todas las razas de seres humanos se encuentran en situación de ser aniquiladas por los Otros, por el inevitable frío de ojos azules. Gore Vidal escribió en la página 648:

Nosotros, la gente de ojos oscuros, hemos perdido el mundo ante quienes los tienen como el hielo invernal.

En las culturas politeístas atribuían a los dioses los diferentes aspectos de la Naturaleza, de esta manera, cualquiera sabría quién era Hades y que raptó a Perséfone. La situación semestral de Perséfone, mediada por Zeus, era la que originaba las dos épocas, la cálida y la fría, la fructífera y la estéril: el verano y el invierno.

No obstante, la cúpula de los dioses homéricos reinaba desde el olimpo, esto es, desde las alturas, o lo que es lo mismo, los dioses estaban retirados, habían dejado el planeta en manos de los humanos, si bien, podían castigarlos en cuanto desearan, ya que eran inconmensurable y desmesuradamente más poderosos que los débiles mortales terrenales. Los dioses eran los padres de todo. Salvo que también existían las diosas, las madres. Esto era insalvable para la concepción griega. Sin Deméter y Afrodita la cultura griega no habría perdurado, ni florecido el siglo de oro de Atenas sin Atenea.

Entonces, en el Universo de Martin, ¿dónde están los verdaderos dioses?, ¿son much@s?, ¿existe el dios uno, padre de todos?

¿Quién podría ostentar el trono de los dioses?

Parece que el único que es un particular, y por ende, uno, es R’hllor. ¿Qué hace el dios de la Luz? El tal R’hllor, Señor de Luz o dios Rojo, no aparece por ningún lado, sino sus sacerdotes rojos. De ellos no se puede decir que no sepan cantar distintas y poderosas Canciones.

Beric Dondarion y Lady Corazón de Piedra han evidenciado que la Canción de Thoros de Myr funciona… y respecto a Jon el Apuñalado, la serie televisiva ha confirmado lo que en la saga literaria no es todavía más que una consecuencia lógica.

Melisandre intercambió a Mance Ryder por Casaca de Matraca gracias a unas joyas. También le dio dos hijos fuliginosos a Stannis mediante sendos polvetes egregios. Todo aderezado de plegarias o Canciones a su dios.

Hay más sacerdotes rojos esparcidos a lo largo de la saga. No voy a explayarme en especificarlos, ni a ellos ni sus hazañas. La cuestión es que estos sacerdotes han dado muestras de sus poderes. Son capaces de canalizar energías y convertirlas en poderes anhelados por la humanidad: la resurrección, el cambio de aspecto, la descendencia obediente.

El objetivo de estos sacerdotes parece evidente: otorgarles a quienes creen en ellos el don de olvidar el miedo a la Naturaleza, convencerles de que existe un ser superior que está por encima de la Naturaleza y los protege.

Pero el asunto es que estos sacerdotes no se crían al amparo de un dios, sino en un templo, siendo educados con unas reglas, aprendiendo unos hechizos, unos conjuros, unas Canciones que modifican la Naturaleza. Conocer estas Canciones y las circunstancias apropiadas para cantarlas los convierte en seres mágicos, aunque a veces su Magia consiste únicamente en engañar a sus congéneres, tal y como reconoce Melisandre en su capítulo de Danza de Dragones. Por lo que, además de mágicos, se les puede considerar farsantes que saben dominar, modificar y tergiversar aspectos de la Naturaleza para conseguir fanáticos que luchen y arriesguen sus vidas por ellos.

Entonces, ¿qué o quién fue R’hllor?

En mi mentecata opinión, R’hllor no fue otro que el héroe Azor Ahai. Al dios se le conoce como Corazón de Fuego; postulo que por lo de forjar su espada en el corazón de su amada Nissa Nissa. También como Señor de Luz; conjeturo que porque fue él quien derrotó al gran Otro en la Larga Noche, lo que propició la reaparición del Sol, la luz que calienta el mundo. Un mundo invernal sería un mundo gris azulado y oscuro, sin sol, sin fuego, sin sombras. Lo que prevalecería con la victoria de los otros sería un hábitat gris helado con ventiscas. R’hllor fue el antagonista del gran otro, el que no se puede nombrar, ¿por qué no se puede nombrar al otro?, ¿porque mentarlo le favorece?, ¿porque (de manera afín a la mentalidad hebrea) en el nombre correcto de los seres se esconde el poder más sublime y si nadie conoce su nombre nadie podrá cantarle jamás su canción? No sé, pero este invierno trae consigo a los otros, por lo que Azor Ahai renacerá, ¿o ya ha renacido? Probablemente la saga de Martin consista en detallar el renacer de Azor Ahai. No obstante, que Azor Ahai fuera en el pasado una única persona es discutible, así como que lo sea en la actualidad. Jon, Daenerys, Tyrion, Jaime, Brienne, Bran… ¿por qué no puede ser Bran el susodicho Azor Ahai? ¿Por qué no pudo ser Azor Ahai un verdevidente que vislumbró que forjar el acero con sangre era la única opción para enfrentarse contra la muerte helada de los Otros y se empeñó en llevarlo a cabo?

Azor Ahai es el misterio, pudo ser cualquiera, uno, varios, muchos… de la sangre del dragón… verdevidente… aquel que cantó la Canción del Fuego para igualar el vidriagón y crear acero valyrio. Aquel que, como Homero, nadie conoció, tan sólo se conoce su legado. Y su legado consiste en una profecía: renacerá… ¿Quién pudo vislumbrar que renacería sino era un Verdevidente, dueño de una sabiduría profunda como las raíces de los Arcianos?

Fuera quien fuera R’hllor, el asunto es que todavía no se ha pronunciado.

¿Dónde están los verdaderos dioses?

Por de pronto, en el universo de Martin los dioses omnipotentes no aparecen. No veo indicios de que exista un dios único que gobierne al resto de seres mágicos y no mágicos, un dios que sea causa eficiente de la inmensidad de los hechos y acontecimientos. Ni siquiera unos dioses primigenios, como los Valar de El Señor de los Anillos, de Tolkien. ¿Qué se puede esperar del universo de Martin, existirán los dioses, saldrán a colación como seres sin cuerpo, etéreos, intangibles, incorruptibles?

En todo caso, las gentes del Universo martiniano no se guían de modo homogéneo. No todos veneran al mismo dios. La mayoría de personajes con algo de poder social tienden a rechazar la idea de estar determinados por unos dioses controladores a la par que invisibles. Los adultos de Martin se matan por sus creencias, por sus convicciones, por sus aspiraciones, y respecto a ellas son fanáticos, son intolerantes, son radicales. Pero, ante todo, caen rendidos ante los dragones.

Los dragones son un hecho. Son reales. Sangre y fuego. Del mismo modo, Craster el salvaje tiene la conciencia tranquila porque está en paz con los que considera los verdaderos dioses. Esto es, los otros, a ellos les entrega su descendencia masculina.

Los dioses creadores/legisladores del mundo, mientras tanto, siguen sin mostrarse, sin revelar su posición y rumbo.

La saga está en un punto en que han reaparecido la mayoría de criaturas que se tenían por extinguidas, legendarias, olvidadas. Algunos personajes los nombran como dioses. En este Universo martiniano, esas criaturas tienen poderes, pero son mortales. Sam el mortífero lo demuestra. Que apenas queden niños del bosque también. Que podamos disfrutar de las escasas pinceladas sobre el crecimiento de los dragones es una tremenda genialidad que se le agradece al autor. Pero, esencialmente, ha servido para dejar claro que si alguien le hubiera cortado el cuello al mismísimo Drogon mientras crecía, hubiera fallecido, también si le hubieran clavado una lanza en un ojo, porque los dragones, como cualquier ser vivo, son vulnerables, y no les favorece eso de quedarse famélicos.

Sintetizando. En el Universo de Martin, por el momento, no hay dioses todopoderosos, hay criaturas mágicas y mortales que conviven en el mismo Universo, y por tanto, interactúan.

Por otra parte está el firmamento. Durante la saga de Martin leemos que hay sol, luna y estrellas. También se habla de una estrella que se llama Dragón de Hielo. Pero estos astros son los mismos para todos, no influyen en los personajes.

Parece que la magia no está relacionada directamente con los cielos, salvo por el cometa rojo que se ve durante días cuando nacen los tres dragones de Daenerys. Pero, este cometa, ¿fue causa o efecto?

Martin, con su inefable estilo, ambiguo e intrigante, no deja una pista clara al respecto. Daenerys lo vislumbra la misma noche que nacen sus dragones, esto es, la misma noche que incinera a su difunto esposo en la pira. Pero no aclara si lo vio antes o después.

Luego Daenerys imita su rumbo, se dirige hacia donde el cometa señala, aunque tampoco le quedaba otra dirección. Pero ella lo entiende como su heraldo, el que antecede al rey a la par que lo anuncia. O sea, lo que siente al ver el cometa es en plan: “los que vean el cometa sabrán que yo llegaré después, ya que él anuncia mi llegada”.

Ella piensa que el cometa les anuncia su llegada a los demás. Daenerys ya sabe que ella misma es la ostia en verso, de la sangre del dragón, Sangre y Fuego.

En principio no favoreció a nadie, sencillamente fue un presagio, una señal, que unos interpretaron de una manera y otros de otra. Los más entusiastas de las determinaciones cósmicas podrán decir que el cometa rojo consistía en un signo de alegría que enviaba la auténtica Magia celestial a los sentineros seres terrenales para que recordaran su ínclito poder, pero, entonces, ¿por qué no se ve algún cometa rojo cada vez que nace una camada de dragones en Asshai, si en el capítulo Bran (3) de Juego de Tronos, cuando despierta del letargo gracias a que el cuervo de tres ojos insiste a porfía, queda claro que en Asshai no han desaparecido los dragones, sino que siguen amaneciendo día tras día?

Entonces, ¿influye el cometa rojo en la Magia terrenal?

¿Con qué nos sorprenderá Martin?

¿Se gestará la Magia en el firmamento?

¿Dirá que existe una razón divina, suprema, sustancial y engendradora por la que se rige todo su Universo de Discurso de Canción de Hielo y Fuego?

Quién sabe por donde irán los tiros.

Yo pienso que no. No existirá tal razón superior y exclusiva y todopoderosa que reina sobre todo. Al menos apuesto que Martin no va a explicar lo que ocurre por unos dioses olímpicos, celestiales, eternos, apartados, retirados, homéricos, capaces de lanzar rayos por doquier en cuanto nacen de un huevo/testículo perfecto. No. Nada, excepto el cometa rojo, hace pensar que las novelas versen sobre un plan cósmico determinado por un ser superior y sustancial que lo gobierna todo.

Más bien, como diría Spinoza, el asunto fluctúa. La Magia está retornando, recuperando su poder, renaciendo, renovándose. En clave spinoziana: la Naturaleza es la divinidad, sólo ella, sin ayuda de nada externo a ella, es mágica tratando de persistir y perseverar en ser natural.

La Magia está aquí. La Magia está viva.

Lo que me incita a pensar que en el Universo de Discurso de Canción de Hielo y Fuego: ¡no hay dioses!. «los dioses a los que rendimos culto nunca fueron hombres; más bien son cualidades o poderes hechos poesía para que los conozcamos». En el Universo de Martin, los dioses no han sido hechos poesía, sino seres vivientes literarios.

Además, tengo la intuición/esperanza de que si en el universo de discurso existieran tales dioses elevados, no serían relevantes para el desarrollo de las tramas.

De hecho, no me parece que la trama martiniana cuadre con ese tipo de plan determinista, engendrado completamente por un dios que escribe los destinos de los seres mortales según respira y excogita.

La Magia proviene de otro lugar. Postulo: la magia proviene del propio planeta.

Probablemente habrá que buscar entre los dioses más naturales para hallar un punto de partida en el que hubiera podido basarse Martin para configurar su ser mágico más poderoso. Al acercarnos a la mitología nórdica nos damos de bruces con Odín.

Odín tiene dos lobos, Geri y Freki, que son huargos desde antes que Martin naciera. Más bien son lobos guerreros, huargos, varg, warg, lobo grande, huargo con jinete.

Odín tiene dos cuervos, Hugin y Munin; y su árbol, Yggdrasil, el árbol de la vida. ¿A quién no le huele esto a verdevidente?

Por si fuera poco, Odín es tuerto, y Martin colocó a Brynden una raíz en un ojo.

Brynden el verdevidente es un fuera de serie. En los capítulos en que aparece encontramos los diálogos más intrigantes acerca de los dioses.

Bran (3), de Danza de Dragones:

—Solo un hombre entre mil nace cambiapieles —le dijo un día lord Brynden, después de que Bran aprendiera a volar—, y solo un cambiapieles entre mil nace verdevidente.
—Creía que los verdevidentes eran los magos de los hijos del bosque —dijo Bran—. Quiero decir, los cantores.
—En cierta forma, así es. Aquellos a quienes llamáis los hijos del bosque tienen los ojos dorados como el sol, pero una vez cada mucho tiempo nace uno con los ojos rojos como la sangre, o verdes como el musgo que cubre los árboles en el corazón del bosque. Son señales con las que los dioses marcan a los elegidos para recibir el don. No son muy robustos, y sus años de vida en la tierra son pocos, ya que cada canción debe tener su propio equilibrio. Pero cuando se unen con la madera duran mucho tiempo. Mil ojos, cien pieles y una sabiduría profunda como las raíces de los antiguos árboles. Verdevidentes.
Bran no entendía nada, así que les preguntó a los Reed.
—¿Te gustan los libros? —replicó Jojen.
—Algunos. Me gustan las historias de batallas. A mi hermana Sansa le gustan las de besos, pero a mí me parecen una bobada.
—Un lector vive mil vidas antes de morir —dijo Jojen—. Aquel que nunca lee vive solo una. Los cantores del bosque no tenían libros. Ni tinta, ni pergaminos, ni escritura. Solo tenían árboles; sobre todo arcianos. Cuando morían se hacían uno con la madera, las hojas, los troncos y las raíces, y así los árboles recordaban. Todas sus canciones, hechizos, historias y oraciones: todo lo que sabían del mundo. Los maestres te dirán que los arcianos son sagrados para los antiguos dioses, pero los cantores consideran que los arcianos son los antiguos dioses. Al morir se convierten en parte de esa divinidad.

Dos páginas después, fragmento del diálogo entre Bran y Hoja:

—¿Dónde está el resto de vuestro pueblo? —preguntó Bran a Hoja un día.
—En las profundidades de la tierra. En las piedras, en los árboles. Antes de que llegasen los primeros hombres, toda esta tierra a la que llamáis Poniente era nuestro hogar, pero ya en aquellos días éramos muy pocos. Los dioses nos dieron vidas largas pero no numerosas, para evitar que invadiésemos el mundo, al igual que los ciervos invadirían un bosque donde no hubiera lobos que les diesen caza. Aquello sucedió en el amanecer de los días, cuando despuntaba nuestro sol. Ahora está en el ocaso y cada vez somos menos.

Entonces, ¿cuáles son los motivos que incitan a los dioses a elegir, a decidir y a actuar?

No sé, pero sí sé que decir “para evitar que invadiésemos el mundo” es dar una explicación teleológica, basada en un fin, como en la cosmovisión antigua. Además, Hoja recurre a una analogía con la naturaleza, en plan Homero, que hablaba de comportamientos animales para explicar conductas humanas… lo que me hace pensar que todos los hijos Stark son Odiseos/Ulises que abandonan su hogar, y sus historias son las Odiseas que han de vivir para retornar al hogar.

Seis páginas más adelante, Brynden le explica a Bran:

Los hombres viven sus vidas atrapados en un presente eterno, entre las nieblas de la memoria y el mar de sombras, que es todo cuanto conocemos de los días que vendrán. Hay mariposas que viven toda su vida en un solo día, pero para ellas, ese pequeño espacio de tiempo dura tanto como para nosotros los años y las décadas. Un roble vive hasta trescientos años; una secuoya, tres mil. Un arciano puede vivir indefinidamente si nada lo daña. Para ellos, las estaciones pasan como el revoloteo de las alas de una mariposa, y el pasado, el presente y el futuro son lo mismo.

¿Qué hay más divino que aquello que puede “vivir indefinidamente”?

Las novelas han avanzado miles de páginas y no hay más indicios sobre los dioses. El Hielo está repleto de Otros, el Fuego tiene como armas más imponentes a los dragones. Sin embargo, por encima de todos está el Verdevidente, el que canta la Canción de la Tierra, un ser que puede meterse en la piel de otros seres e interactuar con el mundo a través de ellos.

Los dioses siguen sin aparecer en su versión más ordinaria. Martin nos presenta una visión diametralmente contraria. La única criatura que resulta ser potencialmente más poderosa que un dragón es un vejestorio, un Verdevidente, y éste no tiene nada de divino celestial, al contrario, es un mortal que mediante su arcana sabiduría ha logrado que su cuerpo interactúe con las raíces de los arcianos, ha cantado la Canción De La Tierra y ha trascendido su corporeidad: ha visto el pasado y el futuro, ha vivido más de lo estipulado, ha modificado su destino.

El maestro de Bran guarda conocimientos milenarios, ha vivido con mil ojos y uno más, lo cuál significa que ha tenido a su disposición los ojos de los rostros tallados en los arcianos, y un ojo distinto, el de la inteligencia, el ojo de meditar, excogitar, pensar, decidir. El maestro Brynden es un fenómeno —imagino, y anhelo, que a lo largo de Vientos de invierno Martin profundizará sobre el asunto—. ¿Quién sabe cuántas cosas hizo en su desfasada vida? ¿Cuáles fueron sus cien pieles? ¿sería una de ellas el caballo que Tyrion monta en la primera batalla en que participa? No sé, pero, tras conocer el poder de Brynden, suena tentador repasar la saga incidiendo en las actuaciones de los animales que van apareciendo —aunque no lo he hecho—.

Pero, pese a ser un fenómeno, la serie ha dejado claro que Brynden sufrirá trágico final. Bran es el sucesor, el doncel cuervo de tres ojos… el cuervo enamorado... un tullido.

Vuelta a la tortilla. Giro mortal de trescientos sesenta grados.

¿Qué mejor jinete para un dragón que un verdevidente que ya ha demostrado que es capaz de meterse en un humano? ¿O lo de meterse en la piel de un humano (Hodor) es el preludio de entrar en el cuerpo de un otro?

Quién sabe. El destino de Bran es un enigma que, por supuesto, no está en mis manos resolver. Además, en el fondo, quien me preocupa —literariamente, claro— es Meera. Que Bran se convierta en el ser más poderoso implica que sea Azor Ahai, lo que conlleva que su amada Meera muera, igual que murieron Khal Drogo, Ygritte y Shae, los amores de Daenerys, Jon y Tyrion, los tres portadores de la maldición maternal. Bran no padeció la maldición maternal, por lo que, quizá no sea Azor Ahai y Meera vivirá… o no, quién sabe.

Sólo tengo claro tres cosas:

1ª El universo martiniano parece cualquier cosa menos maniqueísta. Ni siquiera está claro qué es el bien y qué es el mal.

2ª La conclusión indeleble de la presente entrada es la que sigue: Juliano el Apóstata, pese a que yo lo haya relacionado tan estrechamente con el Universo martiniano, es por sí mismo un libro grande y verdadero, espectacular y brutal. Es una obra literaria que recomiendo leer a cualquier persona actual: cristiana, judía, musulmana, científica, racional, moral, sentimental, depresiva, impulsiva, ilustrada, humanista, atea, espiritual, agnóstica, gnóstica, pagana, individualista, comunitarista, anarquista, capitalista. Cualquier personica en general.

3ª Si me dan a elegir entre Libanio y Prisco, me quedo con Prisco.

Se puede encontrar el artículo original en el Blog de Miguel García Olivares: El cine es como el eco.

Leave A Response